Salida de emergencia

La proclamación de Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela hace diez días ha resultado ser un movimiento tan inesperado como definitivo para un régimen chavista que, parapetado e incrédulo, aguarda ya su final. Una refundación real de una democracia homologable en Venezuela no solamente es posible, sino que está más cerca. El plan trazado por Maduro y su clan ha llegado al final del camino. El chavismo había roto las urnas para construir un régimen de partido único, asaltando todas las instituciones del país. Como en otros casos de totalitarismo, buscaban la apariencia de una democracia por fuera, pero con todo lo que le corresponde a una dictadura socialista por dentro. En Venezuela ha habido represión, desaparecidos, torturados, perseguidos y exiliados. Y además, una economía inviable y catastrófica, es decir, hambre y miseria.

Maduro y el chavismo se han mirado en el espejo de la dictadura cubana, donde la nomenclatura ha hecho de la isla todo un negocio. A la fiesta del régimen han sido invitados tanto Rusia como China. Ni siquiera estos apoyos le han servido al tirano para sostenerse. Se creía intocable. Ahora solo falta encontrar una salida, un refugio donde seguir disfrutando sin vergüenza de la fortuna amasada. Que a nadie le quepa duda que a Maduro y a los cabecillas del chavismo no les va a faltar la plata ni el lujo.

La transición en Venezuela ha empezado y es imparable. Y se ha hecho con la ley y desde la ley, con la Constitución que el chavismo hizo para perpetuarse, pero sin contar con los ciudadanos. Todo un error de cálculo. Cuando se superan los límites, se vulneran los derechos y su suprimen las libertades, desaparecen las diferencias. La represión iguala y no distingue. El chavismo ha unido a la oposición. Lo que importa de Guaidó no es que sea un socialdemócrata cuyo partido pertenece a la Internacional Socialista, sino que representa a todos, incluidos los chavistas que ganaron su escaño en las elecciones de diciembre de 2015.

De lo ocurrido en Venezuela hay que tomar buena nota. España debe tener un papel principal en la transición. Y si Pedro Sánchez tiene dudas, que pregunte a la vez, si quiere acertar, a los expresidentes González y Aznar. No hay que dudar.

La resolución del Parlamento Europeo ha vuelto a enseñar la delgada línea que une a quienes trabajan sin descanso, y desde dentro del sistema, por la destrucción de las democracias liberales. Tanto la extrema derecha como la extrema izquierda votaron contra el reconocimiento de Guaidó. Unos, como los italianos de Salvini o los franceses de Le Pen, porque están más cerca de Putin que del euro. Y otros, los comunistas en general, pasando por el caso concreto de Podemos e Izquierda Unida, porque siguen sin quitarse de la cabeza los escombros del Muro de Berlín.
Fuente: ABC
Salida de emergencia

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