Obuses de artillería llenos de agua para extinguir incendios forestales

¿Por qué no se utiliza la artillería de campaña del Ejército de Tierra para luchar contra los incendios forestales que se producen en España? Es el debate que plantea en un estudio una teniente del Grupo de Artillería de Campaña XII, que tiene su base en El Goloso, en Madrid.

La propuesta aparece detallada y explicada en el último número de ‘Armas y Cuerpos’, la revista cuatrimestral que edita la Academia General Militar de Zaragoza, que ha consultado Confidencial Digital.

La autora del estudio es la teniente de Artillería Elvira Barbasán Valverde, que a raíz de su trabajo fin de grado ha desarrollado la investigación en ese artículo, “La extinción de incendios con el apoyo de artillería de campaña”, que analiza “la potencial utilización de los medios de artillería de campaña en auxilio de las autoridades civiles en el proceso de extinción de incendios forestales” a raíz de distintas propuestas que están surgiendo en la industria mundial, pero adaptadas a las capacidades actuales de las Fuerzas Armadas españolas.

Complementaría a los aviones

La teniente parte de un análisis de los medios que actualmente se usan en España para sofocar incendios forestales. Cita las brigadas terrestres antiincendios, con medios como camiones, motobombas… y también los helicópteros, así como los aviones apagafuegos del 43 Grupo del Ejército del Aire.

Sobre estos últimos subraya que “son, sin duda, uno de los medios clave de los servicios de extinción de incendios. Las principales ventajas de los aviones cisterna son su gran capacidad de carga y la posibilidad de descarga con precisión sobre puntos geográficos de difícil acceso para las brigadas terrestres. No obstante, hay que tener en cuenta las importantes limitaciones de este medio, como son la imposibilidad de volar de noche y la gran dependencia de la climatología (puesto que las condiciones climatológicas adversas elevan el riesgo de accidente), así como el elevado coste económico de empleo”.

En base a esas carencias, lanza la idea del uso de “un medio terrestre, de gran maniobrabilidad, que permitiese mantener una distancia de seguridad óptima respecto de las llamas, y que pudiese operar de forma continua tanto en horario diurno como nocturno, a un coste asequible para la Administración”, que ofrecería “una alternativa libre de los principales inconvenientes y limitaciones de los medios anteriormente expuestos”.

Las ventajas de usar artillería

El estudio ahonda en las ventajas que supondría utilizar piezas de artillería para lanzar cargas de agua sobre un fuego. La principal es la distancia desde la que puede ser lanzado un proyectil, que “garantiza la seguridad del personal involucrado en su lanzamiento, seguridad que no se puede garantizar respecto de los vehículos autobomba o las cuadrillas batefuego”.

También ofrece mejoras respecto a los aviones nodriza, los conocidos como ‘botijos’ del Ejército del Aire, ya que éstos “si bien son seguros para su personal y excelentes para entregar una sola carga grande sobre un objetivo concreto, lo cierto es que una vez que liberada su carga útil, tienen que regresar y rellenar antes de poder atacar el fuego de nuevo, lo que da tiempo al fuego para crecer”.

Frente a ello, “el lanzamiento de proyectiles, aun con ciertas limitaciones, podría realizarse de forma continua, atajando el proceso de desarrollo del fuego”.

Modelos de proyectil

Según esta teniente del Grupo de Artillería de Campaña XII, la industria lleva unos años avanzando en esa idea de “utilizar armas militares provistas de municiones ignífugas para ayudar a evitar que los incendios se trasladen a áreas cercanas”.

Cita distintos proyectos, prototipos y modelos que en los últimos años se han presentado. Por ejemplo, la empresa valenciana Pyro Fire Extinction patentó en 2007 un cañón equipado con un compresor de aire y montado sobre un vehículo terrestre que dispara proyectiles en cuyo interior se aloja una red de plástico biodegradable, que contiene cápsulas de agua con agentes retardantes. “Al alcanzar una temperatura de 120°, las cápsulas actúan y liberan su contenido”, se explica, lo cual “permite proteger la vegetación en un incendio antes de que resulte afectada”.

A otra escala mucho mayor, Boeing patentó en 2014 un sistema basado en el proyectil M107, lleno de líquido retardante. El proyectil se abriría antes de impactar contra el suelo, dejándolo caer sobre el terreno en llamas el retardante. Tendría temporizador, altímetro, acelerómetro, dispositivo de posicionamiento global, sensor de temperatura, sensor de presión y dispositivo de medición de distancia. “De esta manera, se podría garantizar la entrega de los productos químicos en el lugar deseado, esto es, sobre el fuego o alrededor de él para detener su propagación”, subraya la teniente artillera.

En Rusia, la empresa Bazalt desarrolló en 2001 un proyectil que no sería lanzado desde artillería terrestre, sino desde un avión que expulsaría más de cien proyectiles ASP-500 sobre el incendio, “cada uno de ellos cargado con 400 litros de agente extintor. Al impactar contra el suelo y explotar, una onda de choque de aire arrasaría por completo la llama, después de lo cual el agente extintor cubriría toda el área de la fuente de fuego. El diseño del producto garantiza la ausencia práctica de fragmentación y acción altamente explosiva”.

Y por último, según recoge el artículo de la teniente del Grupo de Artillería de Campaña XII, hay también un proyecto de la empresa china Fenghua y la Academia China de Ciencia y Tecnología Aeroespacial, que se basa en un misil que libera una carga de agente retardante o extintor al aproximarse o entrar en contacto con las llamas.

Un obús autopropulsado de Tierra

La parte mollar del artículo se basa en la propuesta de cómo estos sistemas y modelos podrían ser utilizados por el Ejército de Tierra, según los medios de artillería de campaña que tiene actualmente disponibles.

La autora del estudio opta por el obús ATP M109A5E, un obús de artillería, autopropulsado y con un calibre de 155 mm, que lo utilizan las unidades de artillería de campaña de Tierra.

Esta pieza de artillería cuenta con un alcance de hasta 30 kilómetros en sus disparos, lo que permite salvaguardar la seguridad de los equipos que operarían frente al fuego.

Este vehículo de artillería se desplaza sobre cadenas, no necesita vehículo tractor para su desplazamiento y despliegue, y tiene una autonomía de 345 kilómetros, por lo que según la teniente Barbasán “permite un rápido cambio de posición para adaptar el despliegue de las piezas en función del terreno, del tipo de incendio y del avance del fuego”.

Un cortafuegos más rápido que un avión

También elige uno de los proyectiles antes mencionados. El más compatible con el obús ATP M109A5E sería el modelo patentado por Boeing. Sí admite que el diseñado por Pyro Fire Extinction “tiene el atractivo de pertenecer a la industria nacional. No obstante, requiere de un rediseño para poder ser lanzado por un obús ATP M109A5E. En cambio, el proyectil patentado por Boeing puede ser empleado sin necesidad de adaptación alguna”.

En base al proyectil de Boeing, que es el que se podría implantar de forma más rápida, la teniente elabora una simulación sobre la utilización simultánea de las seis piezas de esa batería.

“Boeing determinó, en base a la guía de bolsillo del National Wildfire Coordination Group (Grupo nacional de coordinación de incendios forestales) estadounidense, que para crear un corta fuegos para un incendio relativamente pequeño de 11,3 hectáreas, mediante la utilización de avión nodriza, se necesitarían aproximadamente siete horas y media para proyectar 25.000 litros de retardante. Durante ese tiempo, el incendio tiene el potencial de crecer y quemar aproximadamente 40 hectáreas”, explica.

Como la carga del proyectil diseñado por Boeing es de 5,68 litros de retardante, “un único obús ATP M105A5E podría, con una cadencia de dos proyectiles por minuto, poner en el aire 4.320 proyectiles en 36 horas, es decir, más de 24.500 litros de retardante”.

Y destaca que “en lugar de las siete horas y media que necesitaría un avión nodriza, o las 36 horas que le llevaría a una única pieza, la creación del cortafuegos en el hipotético incendio de 11 hectáreas planteado por Boeing, una batería formada por seis piezas auto propulsadas de 155/39, podrían disparar suficientes proyectiles como para configurar el cortafuegos en menos de seis horas”.

La UME o las unidades artilleras

Por último, el estudio sobre “La extinción de incendios con el apoyo de artillería de campaña” aborda también qué unidades podrían utilizar esta artillería antiincendios. La autora del mismo plantea dos posibilidades.

La primera consistiría en crear dentro de la Unidad Militar de Emergencias pequeñas unidades artilleras, de entidad batería, que estuvieran dotadas con los mencionados obuses ATP y personal de Artillería.

Como la UME es la unidad de referencia de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el fuego -junto a los aviadores del 43 Grupo-, se la dotaría de esas baterías, situando por ejemplo una en cada batallón de intervención que la UME tiene en Madrid, Valencia, Zaragoza, León, Sevilla, Tenerife y Gran Canaria, para desde esos puntos cubrir el territorio nacional.

La segunda opción sería instruir al personal de las diferentes unidades de artillería de campaña del Ejército que tengan entre su material de dotación obuses ATP M109A5E, para que aprendieran a actuar contra los incendios.

En caso de que los bomberos forestales, la UME y el 43 Grupo necesitaran refuerzas, se activaría a la unidades de artillería de campaña del Ejército de Tierra más cercana al incendio. La teniente de Artillería Elvira Barbasán indica que actualmente hay obuses ATP M109A5E en regimientos o grupos con base en Córdoba, Badajoz, Madrid, León, Burgos y Zaragoza, lo que también permitiría cubrir la práctica totalidad del territorio peninsular.
Fuente: elconfidencialdigital.com
Obuses de artillería llenos de agua para extinguir incendios forestales

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