Manuel Valls: «En Barcelona había un sujeto político huérfano»

Viví aquellos días de octubre con una gran inquietud. Todo lo que estaba sucediendo en Barcelona me afectaba muy profundamente. Muchísimo. Me afectaba tanto que tuve que hacer un esfuerzo por racionalizar, por analizar la fuerza de las emociones que me conmovían, y no exagero si digo que esa conmoción marcó un punto de inflexión en mi vida, como luego se ha podido comprobar.

Al reflexionar sobre ello, días después y con la cabeza fría, caí en la cuenta de que lo que me sacudía tan poderosamente era la llamada de la política. Sentía una pasión muy potente que me impulsaba a actuar, y actuar significa implicarse, implicarse a fondo. Me explico: soy una persona que ha tenido altas responsabilidades de Estado, y estoy muy preocupado por las amenazas que se ciernen sobre Europa. Las he señalado en repetidas ocasiones: el resurgir de los nacionalismos y el auge de los populismos. Son dos peligros por separado, los que más estragos han causado en la historia, y si aparecen de la mano, como sucede en Cataluña, pueden destruir la democracia más sólida, pueden corroer la sociedad más cultivada. Recordemos que la Alemania de los años treinta era una de las sociedades más cultas del planeta… Y soy una persona muy sentimental, que siempre ha mantenido un vínculo afectivo muy especial con Barcelona. Así que el hecho de que esa doble amenaza tuviese mi ciudad como escenario me resultaba todavía mas insoportable.

Desde Francia ya me dolía comprobar cómo el independentismo había ido apagando la luz que culturalmente hacía de Barcelona un polo atractivo, cosmopolita, pero la última fase del proceso, tras la intentona golpista de los primeros días de septiembre, hizo bien visibles otros problemas, como el empobrecimiento que provocaba la huía de empresas, o sobre todo la gravísima fractura social.

Además, las multitudinarias manifestaciones de octubre contra la desconexión de Barcelona del resto de España, nacidas de la sociedad civil sin contar con el apoyo del Estado y sí, en cambio, con la franca oposición de la administración catalana, me hicieron caer en la cuenta de algo de lo que no era consciente hasta entonces. Había en mi ciudad un «sujeto político» huérfano, había decenas de miles de ciudadanos que reclamaban atención, que se quejaban de haber sido abandonados…

Max Weber habla de la ética de la responsabilidad y de la ética de la convicción… Pues bien, cuando se dan ambas al mismo tiempo, cuando la pasión por una causa se suma a la responsabilidad, es imposible no atender a la llamada de la política. Por eso volví a casa, a tratar de ayudar, ser útil y permitir que salvemos Barcelona.
Fuente: ABC
Manuel Valls: «En Barcelona había un sujeto político huérfano»

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