Los ‘boinas verdes’ protegen a equipos del CNI desde el asesinato de siete agentes en Irak

El Centro Nacional de Inteligencia sufrió en el otoño de hace 17 años los dos golpes más duros de su historia, y ambos en Irak. Primero, varios pistoleros asesinaron a tiros, en la puerta de su casa en Bagdad, a José Antonio Bernal, agente del servicio de inteligencia destinado en ese país en el que había ya tropas españolas tras la invasión de Estados Unidos.

Un mes después, los insurgentes iraquíes tendieron una emboscada en Latifiya a un pequeño convoy en el que viajaban ocho agentes del CNI. Les dispararon con fusiles Kalashnikov y con lanzagranadas, y ellos sólo pudieron defenderse con pistolas ametralladoras HK MP7 A1 y un único subfusil.

Fueron asesinados Alberto Martínez, Luis Ignacio Zanón, Carlos Baró, Alfonso Vega, José Merino, José Carlos Rodríguez y José Lucas Egea, y pudo escapar con vida (volvió con ayuda, pero ya era tarde) José Manuel Sánchez.

Sobre todo en el caso de los siete asesinados en Latifiya, se lamentó que los agentes del CNI no fueran mejor armados, con armas de mayor calibre con las que podrían haberse defendido mejor. Pero su función era pasar desapercibidos, confundirse con la población, por lo que se limitaban a portar armas cortas.

¿Cómo proteger mejor a los espías españoles cuando se despliegan en zonas de conflicto? El general de División (ahora retirado) del Ejército de Tierra Jaime Íñiguez Andrade, que fue el primer comandante del Mando Conjunto de Operaciones Españoles (MCOE), explica en un libro que a raíz de esos ataques se llegó a acuerdo entre las Fuerzas Armadas y el CNI para que a los agentes de ‘La Casa’ les acompañen militares de las unidades de operaciones especiales, los conocidos como ‘boinas verdes’.

Un libro de las Operaciones Especiales

Íñiguez ha publicado recientemente ‘Las acciones no (todas) contadas de las unidades de operaciones especiales españolas’ (Editorial Didot), un libro que pretende ser un homenaje a todos los ‘boinas verdes’ y que relata una serie de intervenciones que desde mediados del siglo anterior han llevado a cabo las unidades de operaciones especiales de las Fuerzas Armadas.

Actualmente, tienen esa consideración el Mando de Operaciones Especiales (MOE, del Ejército de Tierra), la Fuerza de Guerra Naval Especial (FGNE, de la Armada) y el Escuadrón de Zapadores Paracaidistas (EZAPAC, del Ejército del Aire), tres unidades que han cambiado de nombre, estructura y configuración en este tiempo.

Uno de los puntos del libro del anterior comandante del Mando Conjunto de Operaciones Especiales -que coordina a las distintas unidades de operaciones especiales para conducir sus intervenciones- aborda las “colaboraciones con el Centro Nacional de Inteligencia” por parte de estas unidades.

Desde 2005, ‘boinas verdes’ con el CNI

En junio de 2004, el diario El País reveló que después del asesinato de siete agentes en Latifiya, y el anterior en Bagdad, el CNI recuperó su presencia en Irak con seis efectivos que “no llegaron solos, lo hicieron acompañados de boinas verdes españoles, encargados de prestarles protección”.

El libro del general de División (r) Íñiguez explica que esa decisión no fue puntual. “Desde 2005 no ha habido no ha habido un solo día en que no hubiera un boina verde desplegado en algún lugar del mundo, muchas veces con miembros del CNI, arriesgando su vida de manera eficiente, callada y jamás, jamás, han dado una sola queja”.

“Gran capacidad de supervivencia”

Quien estuvo al frente del Mando Conjunto de Operaciones Especiales cuenta que al analizar la emboscada de Latifiya, el Centro Nacional de Inteligencia decidió solicitar apoyo a las Fuerzas Armadas.

¿Qué buscaba el CNI? “Requerían un equipo pequeño, bien adiestrado, con gran potencia de fuego, entrenado para operar en ambientes hostiles o sensibles, lejos de sus propias bases, con gran capacidad de supervivencia”, explica el general.

Ese equipo complementaría las capacidades de obtención de inteligencia de los agentes del CNI. Tenía que ser un equipo “discreto, que estuviera acostumbrado a planear operaciones secretas y que, una vez ejecutadas, no hablaran de ellas donde no se debía”.

La conclusión entonces fue que sólo había unas unidades capaces de cumplir esos requisitos: las unidades de operaciones especiales.

Reticencias entre los militares

A lo largo del año 2004 el CNI y las Fuerzas Armadas negociaron los procedimientos internos que regirían esta colaboración para crear equipos mixtos entre los agentes de inteligencia y los ‘boinas verdes’.

“No fue un proceso fácil”, explica Jaime Íñiguez, porque dentro de las Fuerzas Armadas hubo reticencias: se cuestionaba por qué los miembros del CNI tenían que moverse en zonas alejadas de las tropas españolas, por qué se buscaba que los militares que les acompañarían tenían que llevar ropas de paisano y armas especiales pequeñas y con gran potencia de fuego…

Los militares de Operaciones Especiales empezaron a desplegar en 2005 acompañando a equipos del Centro Nacional de Inteligencia. La estructura de esos equipos mixtos cuenta con dos elementos: el personal del CNI en labores de contrainteligencia, y el personal de operaciones especiales.

Proteger y complementar

Al intervenir con agentes del CNI en lugares como Afganistán y Líbano, los ‘boinas verdes’ cumplen principalmente dos funciones. En primer lugar, tienen como misión proteger e “incrementar la capacidad de supervivencia de los elementos de contrainteligencia nacional”.

Pero no se trata de hacer de escoltas o guardaespaldas de los espías, ya que además los militares de Operaciones Especiales complementan las capacidades de inteligencia de los miembros del CNI. Una de funciones ya clásicas de las unidades de operaciones especiales es el reconocimiento del terreno, así como la evaluación de la amenaza, aspectos en los que se complementan y convergen con el cometido del CNI y de otras organizaciones de inteligencia.

El libro de Jaime Íñiguez muestra algunas fotografías de vehículos camuflados de estos equipos que fueron tiroteados en Afganistán, con los cristales blindados llenos de impactos de balas.

El anterior comandante del Mando Conjunto de Operaciones Especiales celebra que en los más de 15 años que llevan funcionando estos equipos mixtos CNI-Unidades de Operaciones Especiales, no ha habido bajas de este personal.

Además, asegura que esta solución a los asesinatos de espías en Irak “está siendo muy bien valorada por los ejecutantes y sus autoridades”, por lo que la colaboración se podría extender a otros ámbitos: que las unidades de operaciones especiales ayuden a la inserción de agentes del CNI en zonas hostiles (por ejemplo, lanzándose en paracaídas en tándem), que evacúen agentes heridos o que necesiten dejar una zona peligrosa (rescates que ya se han entrenado), que aseguren una zona para que los miembros del CNI mantengan un encuentro con otros espías o con contactos…

Cabe destacar que no pocos agentes operativos del Centro Nacional de Inteligencia son militares, y entre ellos destacan algunos que proceden de las unidades de operaciones especiales.
Fuente: elconfidencialdigital.com
Los ‘boinas verdes’ protegen a equipos del CNI desde el asesinato de siete agentes en Irak

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