Los apagafuegos del Aire afinan la puntería

Los pilotos de los aviones apagafuegos del 43 Grupo de Fuerzas Aéreas del Ejército del Aire han incorporado nuevas pautas en la forma de realizar las descargas de miles de litros de agua con las que sofocar los incendios forestales.

Así lo explican desde el Ejército del Aire a Confidencial Digital. Estas pautas se basan en un estudio dirigido por el Laboratorio de Incendios Forestales de la Universidad de Córdoba, que contó con la colaboración del 43 Grupo, que prestó sus aviones para realizar pruebas, y de la Unidad Militar de Emergencias (UME).

Dos modelos de avión Canadair del 43 Grupo

En junio de 2018 los investigadores de ese laboratorio de la Universidad de Córdoba iniciaron un proyecto de investigación para obtener “la modelización matemática de la huella en suelo de las descargas de los aviones anfibios modelos CL215T y 415”.

Estos dos son los modelos de aviones Canadair (ahora Bombardier, la empresa que compró Canadair) del 43 Grupo que lanzan descargas de agua, los también llamados ‘botijos’ entre sus pilotos y operados.

El objetivo del Laboratorio de Incendios Forestales de la Universidad de Córdoba era realizar “la medición de la geometría de las descargas realizadas bajo diferentes condiciones, con el fin de generar un modelo predictivo que permita a las tripulaciones del 43 Grupo de las Fuerzas Aéreas, determinar antes de la realización de las descargas, qué superficie recibirá el impacto y con qué distribución espacial de concentración quedará el fluido en la zona alcanzada por la descarga”.

Pruebas en Cerro Muriano

Defensa aportó varios aviones apagafuegos Canadair y personal militar al proyecto. Una parte principal del proyecto consistió en experimentos de lanzamiento de descargas de agua, que se realizaron los días 11 y 12 de junio de 2018 en el campo de maniobras militares de Cerro Muriano (Córdoba).

Allí se hicieron las descargas y las mediciones de su eficacia, en el cortafuego perimetral del campo de maniobras, en el tramo longitudinal que forma lindero con el monte público Los Puntales, administrado y gestionado por la delegación provincial de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible de la Junta de Andalucía.

El resultado de toda la investigación fue “muy positivo” para la eficacia de las operaciones de extinción de incendios forestales del 43 Grupo, que no ha esperado: ya en la campaña de incendios de este 2019 se aplicaron los conocimientos extraídos.

Por ejemplo, las tripulaciones ya realizaron las descargas de agua conforme a las nuevas pautas en los incendios que asolaron el Parque Natural de Tamadaba, en Gran Canaria, y una zona rural en Cadalso de los Vidrios, en Madrid. E incluso aplicaron las novedades en su intervención en la isla griega de Euba, en un incendio en cuya extinción España colaboró con las autoridades griegas.

Descargas a distinta velocidad, altura…

El ingeniero de Montes, profesor de la Universidad de Córdoba y experto en estudios sobre incendios forestales Francisco Rodríguez y Silva recogió con detalle todos los datos más técnicos obtenidos en este proyecto de investigación en su página web, así como imágenes y vídeos de las pruebas y gráficos con resultados.

Sobre el cortafuegos del campo de maniobras de Cerro Muriano los miembros del equipo investigador instalaron una malla de 203 tubos de medición, distribuidos en una superficie rectangular de 200 metros de longitud por 50 metros de anchura. Con esa malla midieron la geometría y la concentración de las descargas de agua en el suelo.

Los aviones apagafuegos realizaron una y otra vez descargas de agua con distintos parámetros: distintas velocidades de vuelo, distintas alturas del suelo, y también composición del líquido descargado, ya que se probó con agua, o con agua mezclada con pequeños porcentajes de espumógeno.

En base a estas pruebas, se fueron midiendo los resultados, definidos principalmente por la anchura y la longitud de la zona en la que caía el agua, así como por la concentración de líquido por metro cuadrado.

Una aplicación para predecir el impacto

El valor del experimento consiste también en que permitió elaborar un modelo predictivo, para poder calcular previamente la efectividad de las descargas de agua conociendo el volumen, la velocidad del avión, su altura respecto al suelo en la pasada y también el modo de apertura de las compuertas, sea simultáneo o consecutivo.

También se introduce como variable el tipo de vegetación que esté ardiendo, que también influye en la eficacia de la descarga de agua.

Con todo ello, los investigadores del proyecto obtuvieron un algoritmo matemático con el que programaron una App de ayuda a la toma de decisión. Introduciendo esas variables (velocidad, altura, volumen de agua), se obtiene la superficie del incendio a la que alcanzará el agua arrojada.

“Esta herramienta permite a las tripulaciones de las aeronaves seleccionar los valores de entrada de las diferentes variables y de forma automática se muestran en pantalla los resultados de la longitud y la anchura de la huella en suelo que se conseguiría”, destaca Francisco Rodríguez y Silva en su presentación del experimento.

La funcionalidad de los resultados consiste en que el Puesto de Mando de la unidad del 43 Grupo que trabaje en la extinción de un incendio forestal puede planificar las descargas, y enviárselas incluso por WhatsApp a los operadores de los aviones apagafuegos del Ejército del Aire, para que vayan realizando las descargas conforme a lo que se recomiende.

Por ejemplo, se ha concluido que realizar la descarga a 100 pies de altura consigue mayor superficie mojada, y con mayor concentración de agua, que hacerlo a 200 pies.

Y también se sabe ahora con datos que una descarga con el avión a 125 nudos de velocidad (231 km/h) logra una huella de superficie mojada sensiblemente más larga que a 115 nudos (212 km/h).
Fuente: elconfidencialdigital.com
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