«La isla de las tentaciones»: los novios se suman a la fiesta

Actividad volcánica en «La isla de las tentaciones». Hasta ahora solo había habido toqueteos e insinuaciones, y un besito en el fragor de un juego. Pero ya han empezado los besos pasionales. Las líneas rojas se han traspasado. Este es el telegrama de la noche:

a) Marina, novia de Jesús, besó a «El Lobo».

b) Diego, pareja de Lola, besuqueó a un par de tentadoras, mientras su novia sigue tonteando –por ahora solo eso– con el italiano.

c) Manuel, mozo de Lucía, se desmadró y besó, a conciencia, a un par de chicas.

d) Lola, novia de Hugo, pone ojitos al tentador recién llegado.

Conclusión: la infidelidad de rebaño está más cerca en «La isla de las tentaciones», a la que se han incorporado dos protagonistas de la primera edición: Rubén –el que revolucionó la isla al cornear a Christopher– y Fiama –que zanjó su relación con Álex tras su paso por la arena de la Dominicana–. Más leña al fuego.

Marina y Jesús: la amenaza lobezna
Tras ver el programa de anoche, no descartamos que Jesús haya telefoneado a sus abogados para que estudien la posibilidad de emprender acciones judiciales contra los montadores de «La isla de las tentaciones». Es cierto que en las imágenes que le pasaron a Marina en la hoguera él quedó como un auténtico necio, como un chulo-piscinas de serie B, pero no lo es menos que que la selección se hizo a mala fe. Soltó fanfarronadas como «en tiempos de guerra todos los agujeros son trincheras», «¿a qué vengo aquí, a jugar a las canicas?», «no me cierro ninguna puerta» o «vamos a ser un poco perros».

En realidad, el comportamiento de Jesús en Villa Playa se ajusta al refrán «perro ladrador, poco mordedor». Pero viendo aquella sucesión de estupideces que salían de su boca se podría deducir que era un firme aspirante a protagonizar el remake de «Sé infiel y no mires con quién».

«No es el tontito que tú te creías», echaron más leña al fuego sus compañeras de villa. Lo que no sabían es que las imágenes tenían trampa. Y todas picaron en la trampa. «No saquéis conclusiones tempranas», aconsejó a las cinco novias Sandra Barneda a la conclusión de esa primera hoguera femenina. Pero ya habían sacado conclusiones tempranas. Ya habían elevado la anécdota a categoría. Ya habían juzgado a Jesús como un salido en busca de entrada o, en sus propias y ordinarias palabras, de trinchera.

«No me lo imaginaba tan abierto. Pensaba que estaba enamorado de mí», sentenció finalmente Marina, que es rápida también para sacar conclusiones. Vio en esas declaraciones un pasaporte a la infidelidad, el empujón definitivo hacia

«El Lobo»
. «Tranquilo, que yo también voy a ser muy perra. Yo también me lo voy a pasar muy bien», amenazó. Dicho y hecho. Fue regresar a Villa Montaña tras la hoguera de chicas y ponerse a tontear con el «Lobo» en la piscina.

«Cuando nos metemos en la piscina es
fuego puro
. Siempre estoy poniendo el freno, pero es que llega un momento en que no puedes más y lo tienes que hacer», avanzó la muchacha. Y así fue: lo hizo. Por ahora solo se besó, pero todos los que no vivimos en
La Isla de la Inopia
sabemos que la cosa irá mucho más allá.

Lola y Diego: no pierden el tiempo
En la hoguera de chicos, Diego se enteró de los pensamientos y andanzas de su novia en Villa Montaña.

Los pensamientos lo dejaron en mal lugar: que si la ata demasiado en corto, que si no viajan salvo para ver a la familia de él y, alerta máxima, que está muy preocupada por quién se quedaría con el perro que comparten, Horus, en caso de separación. En cuanto a las andanzas, la vio poniendo ojitos al italiano Simone. «No me gusta que vaya tan de listín», juzgó el novio de la amenaza transalpina.

No le gustó a Diego ni lo que vio ni lo que escuchó. Aprovechó las imágenes para calificar a su pareja de llorona y de vaga, porque no le gusta el deporte «y se pasa el día tirada en el sofá». Y dejó claro de quién es la mascota: «El perro está a mi nombre. ¿Que ahora se lía con el chaval éste? Pues el perro se queda conmigo», anunció. «Como haya un beso, que se olvide del perro», amenazó.

Del perro nos consta que no se ha olvidado. De lo que por momentos se olvida es de que tiene pareja. Al volver a Villa Montaña tras la hoguera de chicas tanto se agarró al italiano bailando que acabó sonando la Luz de la Tentación, lo que entendemos algo exagerado, como si te condenan a pena de cárcel por saltarse un paso de peatones. Después se estuvieron tocando en la piscina, dándose besitos y no sonó la luz de marras. Suponemos que al responsable de activarle le pilló este momento en el WC. «Me gustaría hacer de todo con él», confesó Lola a cámara, anunciando que se avecina tormenta de sábanas en su habitación. O en la del italiano.

Tampoco ponemos la mano en el fuego por Diego. Visto lo visto, parecen haberle entrado ganas de anticiparse, o sea, de golpear antes de ser golpeado. Primero se dejó lamer el cuello por Paloma y después, sin miramiento alguno, le plantó un pico de tres segundos a otra soltera, Carla. Fue, cierto es, durante el juego de «¿Verdad o atrevimiento?», sí, pero fue también toda una declaración de intenciones. Antes torero que toro, se ha dicho Diego a sí mismo.

Manuel y Lucía: novio desencadenado
«Yo la cornuda de ‘La isla de las tentaciones’ no pienso ser», anunció Lucía antes de su primera hoguera. Nunca digas nunca jamás, se titulaba aquella película, y eso es algo que la joven tendría que haberse aplicado. Fue como invocar la tentación, fue como esos jugadores que tocan la copa antes de la final y gafan a su equipo. En este caso el equipo era de dos (Lucía y Manuel) y fue ella la que lo gafó.

En las imágenes puso mala cara cuando vio a Manuel, su novio, era agarrado por una tentadora de nombre Stefany. ¿»Crees que Manuel tiene sentimientos hacia Stefany»?, preguntó Sandra Barneda, siempre dispuesta a echare sal de mar en la herida, aunque sangre poco o nada. «Sentimientos, no. Sentimientos bajos», respondió Lucía muy airada.

«No se merece tenerme. Yo me porto súper bien con él para las mierdas que él hace conmigo», sentenció la muchacha, pero, al contrario que Lola o Marina, no anunció represalias en forma de cuernos. Sencillamente porque Lucía, y eso salta a la vista, no es Lola o Marina. Es, digamos, más cándida.

En la categoría cándida no ponen los novios a Fiama, que fue la tentadora que se incorporó a la vila de chicos en el capítulo de ayer. Participó en la primera edición, a la que llegó de la mano de su novio Álex, con quien se iba a casar. «No salió bien», recordó a los desmemoriados. No, salió fatal: hoy día no se hablan.

Manuel
, el novio de
Lucía
, había comentado con los otros chicos que
Fiama
le hacía tilín. Y eso que ni siquiera sabía que iba a dejarse caer por allí. «Puede revolucionar un poco el gallinero», anunció
Hugo
sobre la nueva tentadora, quien ya desde el minuto uno empezó a marcar a Manuel. En la fiesta nocturna se les vio muy sueltos. «¿Cómo se lleva tener dos novias?», le preguntó
Fiama
en un determinado momento. Lo curioso es que entre las dos novias no incluía a la que verdaderamente lo es, sino que se refería a las dos tentaciones del muchacho en Villa Playa,
Fiama
y
Stefany
. Primero besó a la recién llegada a escondidas y después a la otra delante de todo el mundo.

La alarma se disparó y, en Villa Montaña, Lucía tuvo un presentimiento. Que había sido Manuel el que había hecho saltar la luz de la tentación en las dos ocasiones. Le llaman intuición femenina. Y anoche tuvimos una prueba más de que existe.

Hugo y Lara: Rubén, a por el doblete
Los montadores también sembraron cizaña entre Hugo y Lara. Mostraron la peor cara del muchacho. Una frase suelta, dirigida a las solteras: «Con vosotras no pienso en ella». Una confesión, hablando de una de las solteras, entre las risas de su compañeros de hoguera: «Para una noche…». Lara se quedó pasmada: «Más que por mí, lo siento por él. Me da asco». Otra vez la conclusión precipitada, fruto del trampantojo del vídeo. Otra vez los montadores echando leña al fuego. Esos que optaron por resaltar dos tonterías de Hugo pero no pasaron ni un segundo de esa otra intervención –que vimos en el capítulo dos– en la que el gallego llora mientras le declara su amor y la «morriña» que siente por no poder verla.

Lara volvió a asqueada a Villa Montaña y la cara de asco no se le sacó hasta que vio llegar al nuevo tentador. Primero se fue Diego, un fotógrafo de 29 años de Pontevedra, y solo lo lloró Lara, por paisanaje. Poco le duró el disgusto. El tiempo que tardó en salir de entre los setos, en plan meme de Homer Simpson pero al revés, Rubén. Así se presentó: «Tuve una historia con Fani en la primera edición que al final no funcionó». Qué modestia. Pudo haber dicho que provocó una hoguera –más que una hoguera, un gran incendio, una devastación– que tuvo audiencia de final de Champions, que es algo de lo que Fani presumió en «Supervivientes». Pero no.

«Vengo con muchas ganas. Vamos a ver si puedo salir con alguien de la mano», anunció el ex futbolista. Sandra Barneda le preguntó si ya había echado el ojo a alguien. «Lola y Lara», respondió, alegando que le gustan las chicas «morenitas de piel».

Justo llegó a tiempo para entrar en la ronda de citas.
Lara sorprendió al elegirlo
. En gallego hay una expresión que resume lo que le ocurrió a Rubén con Lara: «Chegar e encher» («Llegar y llenar»).

Así justificó su sorprendente decisión la pareja de Hugo: «Es para conocerlo un poco más». ¿Conocerlo? ¿Puede ser que se haya ido a «La isla de las tentaciones 3» sin haber visto «La isla de las tentaciones 2»?

No esperaron ni a la cita. En la fiesta nocturna, Lara y Rubén ya intimaron tanto que la gallega realizó una confesión de esas que solo haces o a tu mejor amiga o a alguien a quien le estás tirando fichas. «Yo no soy feliz». «Lara, espabila», aconsejó él, siempre pensando –quién podría pensar lo contrario– en el interés de esa chica que acababa de conocer.

Rubén, ex futbolista, ha venido a la isla a hacer doblete. Es un hito televisivo que ya logró

Óscar
, quien triunfó con sendas solteras en las dos primeras ediciones.

Raúl y Claudia: la última esperanza
«Me reventó por dentro», sentenció Claudia tras escuchar y ver a su Raúl en la hoguera. ¿Por qué esa desazón interior? Pues porque vio un vídeo e interpretó que su novio declaraba estar «caliente». Aclaremos el contexto. Estaba en la piscina climatizada, rodeada de solteras en tanga, con un copazo en la mano… El contexto invitaba a quitar miga, a evitar a la dramatización, es decir, a actuar de forma contraria a cómo lo hizo la muchacha.

No, no era la cosa para ponerse así. Para quedar reventada por dentro. Para llorar ante
Sandra Barneda
y media España. Si
Raúl
hubiese tenido un calentón con una soltera se hubiese entendido su reacción, pero es que nada de eso hubo. Aquí el delito era una presunta calentura verbal. Las chicas de
Villa Montaña
ponen el listón a la altura del dedo gordo de pie, y así no hay novio que pase la exigente CTV que es «La isla de las tentaciones».

En todo caso, y tal como está la cosa, Raúl y Claudia son la última esperanza para los que creen en la fidelidad, los «robinsones» amorosos de «La isla de las tentaciones».
Fuente: ABC
«La isla de las tentaciones»: los novios se suman a la fiesta

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