Haciendo amigos, perdiendo audiencia

«Sí, las audiencias son flojas, es cierto, pero la gente me para por la calle y me dice que qué bien, que cómo les gustan ahora los Telediarios». CIS de Tezanos aparte, este batallón no ha hallado esta semana un monumento al ridículo tan primorosamente levantado como el discurso de Rosa María Mateo para justificar los malísimos datos de audiencia de los programas informativos de TVE y que, de enero a enero, señalan una pérdida de 373.000 espectadores en los Telediarios, de medio millón en el «Informe Semanal», de casi cien mil en «Los Desayunos» y de 238.000 en «La Noche 24 horas». Millón y pico de media. De tal forma que si hace un año los informativos de la cadena pública eran líderes con claridad en la parrilla, los indiscutiblemente preferidos por los españoles durante 22 meses ininterrumpidos, este enero se han colocado en tercera posición, por detrás de los de Antena 3 e incluso de los de Tele 5, que desde que la veterana presentadora llegó a administrar (en teoría provisionalmente) RTVE están en Atresmedia y Mediaset más contentos que esa gente alborozada que Mateo dice que se encuentra por la calle.

¿Tiene explicación esta fuga de espectadores? Pues seguramente. El pasado miércoles, por ejemplo, y bien de mañana, la propuesta informativa de la cadena pública hacía que los españoles se desayunaran con una entrevista al embajador en Madrid de Nicolás Maduro, dedicado en cuerpo y alma a defender desde la pantalla de RTVE al dictador que está machacando a los venezolanos y que cada vez que puede insulta o se burla de España, sus dirigentes o su Estado de Derecho. Así, las mentiras de Mario Isea, que es como se llama el embajador chavista, se escucharon con claridad a través de esa televisión que tanto le gusta a la gente que para a Mateo por la calle y le dice «¡ole tú!».

No repuesta del susto y del café mañanero cortado con propaganda chavista, la audiencia de TVE veía cómo seguidamente el altavoz público se le prestaba a Alfred Bosch, consejero de Acción Exterior de la Generalitat separatista, el encargado de las «embajadillas» dedicadas a hacer propaganda contra España y su unidad. El propio Bosch hizo apología de los golpistas presos al llevar prendido en su solapa el lacito amarillo. Servicio público, ya saben.

A esa hora de la mañana y con semejante sobredosis de enemigos, uno esperaba que el siguiente en aparecer en la pantalla para despellejar un poquito más a nuestro país fuese Fabian Picardo, el «encargao» que Isabel II tiene en su colonia de Gibraltar, que cuenta las entrevistas por insultos a España. Pegaba incluso que TVE rematase tan entretenidito desayuno con el tal Willy Toledo, que también hay quien se atiza un copazo de cazalla por las mañanas y entra tan contento a trabajar. Es probable que si Fran Llorente afinase algo más el casting, crecería exponencialmente la gente que Rosa María se encuentra por la calle loca de alegría con su televisión pública, esa que cada vez ven menos los españoles y que les cuesta más de 350 millones cada año.
Fuente: ABC
Haciendo amigos, perdiendo audiencia

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