El Salvador vota hoy entre el fantasma de la corrupción y el fin del bipartidismo

Más de cinco millones de salvadoreños están convocados este domingo para ir a las urnas. Se celebra la primera vuelta de las elecciones presidenciales, en las que se elegirá al nuevo mandatario para los próximos cinco años. La principal novedad en estos comicios, que han generado gran expectación, es que el próximo presidente podría acabar con el bipartidismo que ha imperado en el país desde sus primeras elecciones libres (1994), tras la firma de los acuerdos de paz que terminaron con doce años de guerra civil.

En los últimos 25 años se han alternado en el poder, la conservadora Alianza Republicana Nacionalista (Arena), que comenzó a gobernar en 1989 y renovó su mandato tras el fin de la contienda, y el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), partido de izquierdas que aglutinó a los grupos guerrilleros que lucharon contra el gobierno militar y que actualmente ocupa la presidencia. El exguerrillero Salvador Sánchez Cerén (uno de los pocos mandatarios que acudieron a la toma de posesión de Nicolás Maduro) culminará su mandato con la peor valoración de la etapa democrática.

La emergencia en el panorama político de un joven «outsider», Nayib Bukele, que se presenta por el partido Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), fundado en 2010 como resultado de una escisión de Arena, hace tambalearse ahora ese bipartidismo. Las encuestas le dan como claro favorito, frente a Carlos Calleja (Arena) y Hugo Martínez (FMLN). Incluso alguna vaticina una victoria en la primera vuelta (con más del 51% de los votos). Pero el sistema electoral de El Salvador –el Consejo Nacional Electoral está controlado por los partidos políticos, y el recuento de votos está en manos de activistas– puede alumbrar resultados que no le otorguen una ventaja tan holgada, aunque sí situarle en la segunda vuelta, que se celebraría el 10 de marzo.

Para asegurar la transparencia del proceso electoral, se han desplegado en el país un total de 4.524 observadores: 2.541 nacionales y 1.983 extranjeros (enviados, entre otros, por la OEA y la Unión Europea), según datos del Tribunal Supremo Electoral.

Problemas endémicos
El nuevo presidente no lo tendrá fácil, pues deberá enfrentarse a varios problemas que parecen ya endémicos del país: la corrupción, la violencia y la crisis económica. Problemas que han empujado a emigrar de manera masiva a su población (uno de cada cuatro salvadoreños vive en el extranjero), como se ha visto de manera explícita en los últimos meses con la gran caravana de centroamericanos con destino a EE.UU., que reunió a miles de hondureños y salvadoreños.

La violencia es otra de las causas que desangran a El Salvador, considerado uno de los países más violentos del mundo (con 51 homicidios por cada 100.000 habitantes, muchos de ellos consecuencia de las pandillas o maras). En cuanto a su economía, es uno de los más endeudados de América Latina, por detrás de Venezuela, Argentina y Brasil. A esto se suma los altos niveles de corrupcion, lo que le sitúa en el puesto 105 en el Índice de Percepción de la Corrupción de 2018, al mismo nivel que Perú y Brasil, países golpeados por el escándalo de Odebrecht.

En la reciente historia de El Salvador, tres expresidentes han sido investigados por corrupción: Francisco Flores (1999-2004), que murió cuando era investigado; Elías Antonio Saca (2004-2009), condenado en 2018 a diez años de cárcel por desvió y lavado de dinero; y Mauricio Funes (2009-2014), que se exilió a Nicaragua, en 2016, cuando estaba siendo investigado.

Esta misma semana, el diario digital El Faro aportaba pruebas sobre otro escándalo que salpica a todas las formaciones políticas: el cobro de sobresueldos «por parte de ministros, viceministros, secretarios, directores de autónomas y otros funcionarios durante las administraciones de Saca (Arena) y Funes (FMLN)». Un fraude que podría sumar «120 millones de dólares».

Comisión independiente
«La corrupción es uno de los grandes males de nuestro país, se lleva casi todo el presupuesto para hacer infraestructuras», aseguraba Nayib Bukele durante una entrevista concedida a ABC el pasado mes de noviembre. Para frenarla, la primera medida que tomaría el candidato de GANA, si llega a la presidencia, consistiría en «predicar con el ejemplo». A esto se sumaría la creación de una comisión internacional contra la corrupción y la impunidad, «administrada por la Naciones Unidas, por lo que sería completamente independiente del Gobierno, para que no podamos proteger siquiera a los nuestros».

A pesar de su juventud, tiene 37 años, Bukele ha liderado ya dos alcaldías: la de Nuevo Cuscatlán y la de la capital, San Salvador. En ambos casos lo hizo como miembro del izquierdista FMLN. Formación de la que fue expulsado en 2017 por discrepancias con el partido.

Esto le abocó a buscar un trampolín para seguir proyectando su carrera política, aunque fuera contradiciendo su línea ideológica. «A mí nunca me verán en las filas de GANA o Arena… Mi corazoncito está al lado izquierdo», afirmaba en 2016.

Tras varias iniciativas frustradas para concurrir como candidato a la presidencia –con el movimiento Nuevas Ideas o el partido Cambio Democrático–, se subió en el último minuto al derechista GANA, que defiende propuestas radicales como el apoyo a la pena de muerte o el uso de paramilitares frente a las pandillas.

El hartazgo de los salvadoreños hacia un sistema de partidos que han repetido los mismos errores, le asegura a Nayib Bukele –un político con un hábil manejo de las redes sociales, cuestionado durante la campaña–, su presencia, si no hay sorpresas, al menos en la segunda vuelta de estas elecciones. Y si las encuestas no se equivocan podría convertirse en el presidente más joven de El Salvador.

Claves

Población: 6.189.980 personas.

Extensión: 21.041 km².

Emigración: según la ONU, en 2017 había 1.559.924 salvadoreños viviendo fuera del país.

Economía: es el cuatro país más endeudado de América Latina, por detrás de Venezuela, Argentina y Brasil.

Corrupción: ocupa el puesto 105 del Índice de Transparencia de 2018, situándolo al mismo nivel que Perú y Brasil.

Violencia: en 2018 hubo 3.340 homicidios (50,3 por cada 100.000 habitantes) en El Salvador, según la Policía Nacional Civil.
Fuente: ABC
El Salvador vota hoy entre el fantasma de la corrupción y el fin del bipartidismo

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