El porvenir de los carros de combate

El porvenir de los carros de combate

 
El porvenir de los carros de combate
Un futuro abierto
 
Por Roberto Gutierrez
 
Los carros actualmente en servicio fueron diseñados en la década de los ochenta; la caída de la URSS y los consabidos dividendos de la paz paralizaron cualquier desarrollo posterior, incluso se puso en duda durante más de una década la necesidad de este poderoso sistema de armas dado los conflictos donde occidente se veía involucrado.
Por esta razón aquellos modelos, como fuerza legado de muchas naciones, se han mantenido en servicio todos estos años, en algunos casos actualizados y en otros con sus capacidades básicas inalteradas; otros incluso fueron dados de baja prematuramente, adquiriendose posteriormente por otras naciones de segundo orden que de esta forma accedían a equipos punteros a precios muy competitivos.
Entre ellas podemos citar a Bélgica o Canadá, que después de deshacerse de sus carros tuvieron que incorporarlos rápidamente a raíz de las lecciones aprendidas en Afganistán, que no es un conflicto precisamente propicio, a priori, para el empleo convencional de carros de combate.
Y es que el carro de combate se ha revelado fundamental también en el conflicto asimétrico, asumiendo funciones para las que ciertamente no fue diseñado, pero realizandolas eficazmente porque es, sencillamente, el mejor y más potente medio a disposición de un comandante operacional. Más allá de la función que se le encomiende, la perfecta combinación entre protección (el factor capital en los nuevos escenarios) movilidad y potencia de fuego, hacen de él una herramienta válida para todo tipo de misiones de combate, dependiendo de sus operadores la decisión de emplearlo en cometidos no estipulados en un principio en los manuales de empleo; esto es, creando doctrina a partir de la experiencia en combate.
No obstante, más allá de la flexibilidad que un jefe debe aplicar para sacar el mayor rendimiento de los medios a su disposición, es labor de los estados mayores definir las necesidades de la fuerza arreglo a las misiones que van a realizar, los sistemas de armas necesarios y sus requisitos técnicos, simplemente no se pueden emplear carros de combate para todo, entre otras cosas porque las modernas fuerzas armadas se han embebido de criterios empresariales y disponen de departamentos de cuentas y ajustados presupuestos que, lejos de las necesidades de la guerra total (donde esos criterios pasan a un segundo plano) limitan la libertad de acción de las fuerzas militares.
De esta forma la fuerte demanda de apoyo logístico de las fuerzas acorazadas y su alto coste, junto con el creciente empeño de muchos ejércitos en largos conflictos de estabilización, han obligado a diseñar otros medios específicos, mayoritariamente de ruedas, para estas misiones; hasta el punto de arrinconar a las fuerzas acorazadas a un papel secundario, una suerte de pieza de museo guardada en una urna con una inscripción: romper solo en caso de guerra.
Tanto Francia como Gran Bretaña o Italia han decidido recientemente mantener parques de carros reducidos, apenas dos centenares de ejemplares, aunque seguramente la más sorprendente ha sido la decisión tomada por Japón por lo que implica en cuanto a doctrina de empleo.
Las fuerzas de autodefensa han decidido sustituir una gran parte de sus carros medios tipo 10 y tipo 90 por el blindado 8×8 MCV o tipo 16, armado con un cañón de 105 mm. Como decimos lo más sorprendente es que esta decisión se toma por la baja proyectabilidad estratégica por aire que tienen los MBT, es decir, que existía la pretensión de utilizar estos como ahora los MCV en la defensa adelantada de las miles de pequeñas islas e islotes que conforman el país, a las que se desplegarían estos sistemas de armas mediante aviones kawasaki C2 (cada uno puede llevar un solo CMV cada vez).
El caso italiano no es menos sorprendente, pues se han dado de baja multitud de Centauro B1 perfectamente válidos para sustituirlos por los nuevos Centauro B2, con una barcaza mejorada contra minas y un cañón de 120 mm, en una pretensión de mantener la carrera cañón/coraza que lleva existiendo desde el nacimiento de las fuerzas blindadas.
Es decir, cada vez de forma más acusada se tiende a sustituir los carros por blindados de ruedas que poseen potentes cañones y son más fáciles de desplegar por aire, pero se hace bajo la absurda pretensión de que pueden emplearse de la misma manera que aquellos.
No se trata pues de diseñar MRAP capaces de realizar largas patrullas con un mantenimiento mínimo y sobrevivir a ataques terroristas mediante IED o minas, si no de sustituir los carros y VCI de cadenas por medios equivalentes de ruedas para realizar las misiones propias de las fuerzas mecanizadas y acorazadas.
Esta decisión es profundamente errónea por varios motivos, el principal de los cuales es pensar que es su cañón lo que ofrece al MBT una preponderancia indiscutible en el campo de batalla, ya sea este simétrico, asimétrico o híbrido, y no su inigualable grado de protección, que no puede ser emulado por ningún medio de ruedas por avanzado y caro (y complejo, lo que revierte en perder su pretendida baja huella logística) que sea su tren de rodaje.
Y es que el carro de combate es un medio diseñado para dominar el campo de batalla no por su capacidad de destrucción, donde la artillería se muestra claramente superior, ni por su movilidad estratégica, que es mucho mayor en las fuerzas ligeras; si algo distingue al carro de combate y a las fuerzas acorazadas que se organizan entorno a él (y que tradicionalmente han sido deficitarias en su elemento distintivo, la protección, limitando la capacidad de los propios carros) es en la capacidad de penetración en las defensas enemigas, en definitiva, la capacidad de choque y persistencia ante el fuego enemigo (lo que los distingue de los MRAP, capaces de proteger a sus tripulantes, pero no de mantener operativo al vehículo ante un ataque, ya que su blindaje no protege la mecánica del mismo), lo que obliga a este a incluir en sus dispositivos defensivos medios específicos para destruir estas pesadas máquinas.
En sortear estas defensas y conseguir los objetivos designados, esta vez sí mediante el fuego, se basa la maniobra, en la que el carro es también un especialista; pues si bien es superado en el ámbito estratégico y en el operacional (movimiento dentro de un teatro de operaciones) es inigualable en el aspecto táctico bajo cualquier tipo de terreno y en cualquier condición meteorológica, que suelen imponer serias limitaciones a otros medios terrestres, y de la que surge la capacidad de ‘sorpresa’.
Como ejemplo podemos citar el ataque alemán a Francia en 1940 a través del bosque de las Ardenas, que el estado mayor francés consideraba no apto para el uso de los carros de combate. Por contra, de nada le sirvió a la división Daguet tener una gran movilidad operacional por los desiertos de Kuwait en 1991, y de nada le servían los cañones de sus AMX10RC, ya que ante la amenaza de los carros T72 de Saddam Hussein debió ser reforzada con carros de combate, por entonces unos vetustos AMX30B2 (Francia fue la última potencia mundial en dotarse con MBT modernos, después de aquel conflicto).
Aun así, y debido a la debilidad de estos carros, el mando de la coalición decidió emplearla en un cometido secundario, idóneo para su movilidad operacional y menor exigencia logística, pero poco relevante: un amplio flanqueo en profundidad para aislar las fuerzas iraquíes en Kuwait de refuerzos o de la posibilidad de huir del ataque que el VII cuerpo del US ARMY ejecutó con gran rapidez y precisión para encontrar y destruir su temida guardia republicana, situada a retaguardia del despliegue. El por qué esta misión era tan importante se debía precisamente a la amenaza que estas fuerzas acorazadas suponían para la coalición.
Si algo demuestra esta campaña, la última de carácter convencional ejecutada por EEUU y sus aliados, es que no importa donde debas combatir ni la distancia que debas recorrer, en el momento de enfrentarte cara a cara al enemigo necesitas de toda la potencia de combate disponible. Se da la circunstancia de que Saddam combatía en casa, no tenía que proyectar sus fuerzas para invadir ninguna isla de un archipiélago como el japonés (hoy por hoy nadie es capaz de llevar allí una fuerza de invasión acorazada, y menos por aire, de ahí el sorprendente planteamiento de los nipones) ni tenía que hacer un gran envolvimiento operacional, disponía en todo momento de sus carros de combate y para garantizar su derrota la coalición necesitaba enfrentarles sus mejores MBT.
Este panorama es el que deberán afrontar los ejércitos occidentales en el futuro, con sus proyecciones estratégicas a cualquier lado del mundo para combatir las amenazas a la estabilidad mundial. Sea en la frontera de las repúblicas bálticas contra el renacido enemigo simétrico, como en cualquier otro conflicto híbrido contra guerrillas, señores de la guerra, terroristas o cualquier otra fuerza que cuente con arsenales capturados a gobiernos débiles o desaparecidos, desertores del ejército o paramilitares bien adiestrados y pertrechados por naciones vecinas (como en la guerra de ucrania). Llegado el momento no bastará con haber llegado ni con tener una logística adecuada, habrá que tener capacidad de combate y eso es algo que solo los MBT y los VCI de última generación (diseñados para maniobrar junto a los carros con su misma protección) como los namera, puma o T15, puede garantizar.
Cuál es entonces la razón de ser de los blindados de ruedas cañón, mal llamados cazacarros o carros ligeros? Obviamente la de aprovechar las ventajas de todo vehículo de ruedas en un tipo de conflicto que le sea propicio, de tipo asimétrico o híbrido (en favor de fuerzas convencionales) maniobrando en profundidad y aportando su potencia de fuego en favor de las fuerzas propias. Esta viene determinada por un cañón polivalente (90/105mm) que, y este es otro error muy común, no debe garantizar la destrucción de un MBT, si no ofrecer mayor alcance efectivo y letalidad al primer disparo contra otros blindados dotados de cañones de tiro rápido (entre 25 y 40mm) armas más que suficientes para perforar la débil coraza de vehículos como el Centauro o el tipo 16.
Así pues, el cañon pesado del 8×8 ofrecerá una superioridad manifiesta contra blindados de SIMILAR CONCEPCIÓN, amén de una gran potencia de fuego HE (alto explosivo) y penetración frente a edificaciones (ladrillo, hormigón, sacos terreros, adobe, etc…) que les da una polivalencia que un cañón de 25-30 mm no tiene, orientado como está a batir otros blindados similares (munición APFSDS) y para lo que, recordemos, es sobradamente eficaz, sobre todo si los complementa con misiles CC (Bradley, Freccia, Jaguar, etc).
Una vez hemos determinado que es y que no es un carro y como no deben usarse, pasaremos a analizar la evolución previsible de los carros y su necesidad real.
Blindado de combate Tipo 16 de las Fuerzas de Autodefensa de Japón
 
 
EL RESURGIR DEL CARRO DE COMBATE
La inestabilidad mundial, su eficacia en el conflicto asimétrico y la vuelta de Rusia al panorama internacional, han hecho ver nuevamente a los estados mayores occidentales la necesidad del carro de combate, así como las limitaciones de los modelos actuales, tanto en su desempeño operacional (desde su alto coste logístico a la vulnerabilidad, bastante comentada, de algún modelo en manos de esos operadores de segunda línea que comentabamos) como por haber agotado sus posibilidades de desarrollo y mejora.
Ha sido precisamente Rusia y su nueva pujanza diplomática, económica y militar la que ha dado un paso adelante para modernizar una de sus armas icónicas y en la que deposita parte de su poder militar desde la gran guerra patriótica de 1941-45: su arma acorazada.
La aparición del carro T14 ‘Armata’ y varios modelos derivados de la misma familia ha sacudido los cimientos del inmovilismo occidental, poniendo en serias dudas la capacidad de los MBT actuales para hacer frente al nuevo diseño, si bien la capacidad de producción de la federación rusa, así como las capacidades reales del nuevo vehículo están bastante en entredicho.
Por su parte, dentro de las iniciativas por unificar y potenciar la industria de defensa europea, Francia y Alemania han retomado la idea de desarrollar un sustituto común para los carros Leclerc y Leopard2, que Rheinmetall ha denominado Leopard3 y del que poco se sabe, salvo que parece apostar por un nuevo arma en calibre 130/51 mm, arma que ya se ofrece para exportación en el último ‘upgrade’ del Leopard2, el A7.
Antes de dicha ‘joint venture’, los estudios de la propia Rheinmetall apuntaban a un nuevo arma de 140mm de gran potencia de fuego y munición desengarzada, de forma similar al cañón de ánima rayada L30 británico montado en el Challenger II y el 2A46M de 125 mm de la familia de carros rusos. Esta munición en dos partes (proyectil y carga propulsora) separadas será fundamental para poder incrementar el calibre de los carros de combate, ya que de lo contrario amenazan con sobrepasar la capacidad física de sus tripulantes, especialmente el cargador, así como la capacidad de las santabarbaras y los mecanismos de los cargadores automáticos; de hecho la munición rusa fue desarrollada para el T64, el primer modelo soviético en disponer de este tipo de cargador.
Aunque en Occidente solo el GIAT Leclerc ha apostado para este sistema de carga, seguramente se generalizará en el futuro debido precisamente a los ahorros de personal y volumen interno que conllevan, si bien encarecen el producto final y restringen la variedad de munición que puede llevar el carro. A este respecto no debemos olvidar que los últimos conflictos han supuesto la llegada de nuevas cargas especializadas para blancos muy variados, incluida alguna antipersonal de efecto ‘perdigonada’ que eran impensables en los tiempos de la guerra fría, donde la munición CC (primero con carga HEAT y posteriormente con la APFSDS) y la de alto explosivo (HE) eran las únicas opciones que se consideraban.
Una vez tomada la decisión de desarrollar un nuevo sistema de armas, cabe preguntarse en qué van a consistir esas mejoras, toda vez que el aumento progresivo del blindaje y la potencia de fuego necesaria para superarlo han alcanzado el límite de lo razonable; tanto por el peso, que ya alcanza las 70 , como por la potencia motriz necesaria para moverlo con soltura y la extraordinaria huella logística que esto supone, amén de las limitaciones que empiezan a surgir a la hora de operar en terrenos blandos, cruzar puentes o su transporte en buques, góndolas o por vía ferroviaria.
El permanente estado de guerra de naciones como EEUU o Israel, cada una a su manera, han provocado la necesidad de disponer de vehículos más sencillos, económicos y desplegables que los actuales M1 Abrams y Merkava mk IV, si bien a priori no los sustituirán, de hecho ambos siguen un continuo proceso de mejora y actualización.
Así, el US ARMY ha recuperado la idea, cancelada en varias ocasiones, de un vehículo ligero de gran potencia de fuego similar al malogrado M8; mientras que Israel ha empezado los estudios para dotarse de un vehículo de ataque armado con un cañón de tiro rápido de calibre medio, en un concepto que dista bastante de lo que denominamos carro de combate, y que tendrá una tripulación de dos hombres.
Por otra parte, el desempeño de algunos MBT de última generación (si bien carecían de las mejoras más punteras) como los T72 en el conflicto checheno o en el infierno sirio, así como los leopard2A4 utilizados de forma bastante deficiente por el purgado y desmoralizado ejército turco, ha demostrado que el carro ya no puede defenderse con blindaje convencional de las armas diseñadas específicamente para destruirlo. Esto, que podría señalar el fin del propio carro como sistema de armas, ni es relevante ni es novedoso.
Efectivamente, todos los conflictos en los que han participado los carros con éxito desde la segunda guerra mundial han contado con medios capaces de destruirlos. Podemos recordar cómo en plena avalancha del ejército alemán sobre rusia en 1941 hubo batallones enteros paralizados por la presencia de algunos carros KV1 (de los que por cierto el heer desconocía su existencia) pese a ser operados por personal mal adiestrado y hasta herido y sin ninguna coordinación en su maniobra (no contaban ni con radio) pero con blindajes impenetrables por los carros alemanes (la mayoría pese a lo que se pueda creer, eran medios ligeros e ineficaces, pero empleados de forma muy agresiva e inteligente) y solo podían ser destruidos con un arma de fortuna que alcanzaría temible fama mundial, el 8 con 8 o Flak36 de 88 mm, un arma antiaérea que de forma improvisada se empleó como contracarro con suma eficacia.
Desde entonces, como decimos, no ha habido unidad acorazada que maniobrara y combatiera sin la certeza de que podía encontrarse con armas enemigas capaces de neutralizarlos. La cuestión era maniobrar para evitar que el despliegue enemigo de las mismas, siempre escasas, fuera eficiente.
En el momento actual, ante la certeza de que mayor grosor de blindaje o mejoras tecnológicas en las aleaciones o en los medios pasivos de defensa pueden resultar ineficaces, se ha optado por instalar defensas activas.
Los sistemas de protección activa, que han evolucionado rápidamente en los últimos años, utilizan un sistema de sensores (radar en banda F/G) alrededor del carro para detectar proyectiles en aproximación y un sistema de cargas proyectadas capaces de neutralizar misiles y cohetes.
Por desgracia estos sistemas aún no son capaces de neutralizar proyectiles de alta velocidad, como los perforadores cinéticos disparados por otros carros, por lo que no puede prescindirse del blindaje tradicional; por otra parte sin un grueso blindaje los carros perderían la capacidad que les hace imprescindibles en el campo de batalla, que no es otra que resistir impactos de munición de calibre medio (30-40 mm) y cargas huecas (HEAT) de lanzagranadas portátiles.
El T-14 Armata, la nueva generación de carros rusos que no acaba de despegar, entre otras razones por su elevado precio que hace más lógico modernizar los carros en servicio.
 
 
UN NUEVO CONCEPTO DE EMPLEO
Efectivamente, los carros siempre podrán ser destruidos por modernos misiles CC o el cañón de grueso calibre de otro carro, pero en ningún caso debería ser vulnerable a otras armas como las de los AIFV o sistemas portátiles de infantería (lanzagranadas) que limiten la potencia de choque (basada en su baja vulnerabilidad a la mayoría de los fuegos) de las unidades acorazadas, ya que de otro modo perderían su razón de ser.
Lo que sí permitirán estos sistemas de protección activa es eliminar la necesidad de blindajes reactivos o supletorios, diseñados para afrontar esas amenazas y que añaden un considerable peso al carro, pese a ser igualmente ineficaces contra munición APFSDS y limitar la defensa contra cargas huecas a las cabezas simples (la mayoría de MCC usa cabezas en tándem, que inciden consecutivamente en el mismo punto, penetrando al carro). También permite aligerar el blindaje de la parte superior del vehículo, que solo puede ser impactada por misiles de picado terminal y otras cargas de acción vertical, como las submuniciones BLU-108 o los ataques de UCAV armados con misiles, caso del Hellfire o el Brimstone, e incluso otro tipo de UCAV menos sofisticados, de usar y tirar o ‘drones suicidas’ diseñados para localizar y atacar a los vehículos o autodestruirse cuando agoten su tiempo de vuelo (dichos sistemas, por evidentes razones de seguridad, necesitan manipularse como una munición).
Recientemente han surgido teorías acerca de enjambres de drones aéreos capaces de desbaratar cualquier ataque de blindados. En realidad este futurista concepto no es más que amoldar al medio de moda una munición que existe hace mucho tiempo, y que en ningún caso ha supuesto una catarsis que ponga fin a las fuerzas acorazadas.
Existen municiones de artillería capaces de batir zonalmente una cuadrícula de terreno, sembrando centenares sino miles de submuniciones como la BLU-108/B, creada por Textron systems para bombas cluster, proyectiles de artillería (como el smart-155) y cohetes.
Esta munición dispone de cuatro cabezas con carga hueca auto forjada (HEAT) y un sensor óptico/láser, que se liberan a cierta altura sobre el suelo y descienden lentamente gracias a un paracaídas y cuyas submuniciones una vez disparadas se estabilizan por rotación (de hecho cada submunición o skeet tiene un aspa que las hace comportarse como las semillas de arce, o como un moderno drone de juguete, descendiendo como un helicóptero) mientras buscan un blanco para activar su carga, atacando la parte superior del blindado, que es la más débil.
La puesta en vuelo y la llegada a la zona a batir es rápida y limpia (trayectoria balística) y su tiempo de acción muy limitado (acabado su descenso se autodestruyen) como cualquier munición de acción inmediata (también se pueden lanzar minas que se posan sobre el terreno y quedan en espera del paso de cualquier objetivo que se presente)
Como vemos, pretender que drones guiados por personas hagan esto mismo, pudiendo estar en estación mucho más tiempo solo complica la situación y encarece el concepto. Para empezar porque requiere manipular cargas explosivas, por lo que deben incluir una espoleta o sistema de cebado para manipularlas (previamente) con seguridad, segundo porque el procedimiento de búsqueda y destrucción requiere de eficaces sensores ópticos infrarrojos y medios de identificación amigo/enemigo (IFF), y por último necesitan de personal que los opere y unos complejos medios de guía/comunicación, como por ejemplo la ingente cantidad de frecuencias necesarias para controlar ‘enjambres’ de pequeños UCAV, su coordinación en la zona de fuego (lanzarlos en sucesión y reunirlos para atacar simultáneamente) o su tiempo de vuelo, ya que son medios muy lentos, pudiendo llegar a un ‘espacio vacío’ después de lanzados ante la correspondiente alerta a través de la red de inteligencia táctica.
Parece evidente que es mucho más eficaz que un UAV más avanzado (y reutilizable) localice objetivos con sus sensores avanzados y transmita esa información en tiempo real (red CIS) para que sea la artillería la que ponga sobre el terreno de forma inmediata (time in target) ese enjambre masivo de ‘destructores’ de empleo inmediato, procedimiento utilizando por todos los ejércitos modernos desde hace años.
Debido a la proliferación de estos medios que, al contrario que los cazabombarderos, no dependen de la superioridad aérea para operar, el carro se ha convertido en un objetivo grande y vulnerable cuya protección pasiva superior nunca podrá crecer para conjugar esta amenaza (su peso superaría las 100 toneladas, con todo lo que ello supone en términos logísticos), por lo que deberá recurrir a otros medios de decepción (los sistemas de localización de los UAV son muy limitados) alerta y destrucción para evitar dichos ataques, es decir, sistemas de protección activa.
Para empezar acompañando a las fuerzas acorazadas, tradicionalmente muy vulnerables al poder aéreo, siempre hay medios de defensa AAA, que han incidido en los últimos años precisamente en conjugar la amenaza de proyectiles en vuelo, defensa conocida como C-RAM (counter rocket, artillery and mortar) y contra la nueva amenaza SSL (slow, small and low) como precisamente los UAV.
La necesidad de modernos radares de barrido electrónico (localización de blancos) posibilita a los cañones de tiro rápido (con munición de fragmentación) hacer fuego efectivo, si bien los estudios actuales inciden en el uso de haces de láser como método de destrucción.
En el caso concreto de los UAV y su sistema eléctrico de bajo voltaje, pueden incluso recurrir al pulso electromagnético para destruir los receptores e incluso las baterías de estos ‘drones’.
Por último están los lanzadores de humo, capaces de crear cortinas impenetrables para los sensores, asociados a un detector de alerta de emisión (de iluminación láser) como parte integral de los sistemas del carro de combate.
Aparte de todo ellos, debemos citar que cualquier arma contracarro, del tipo que sea, tiene como razón de ser impedir al enemigo usar eficazmente sus blindados, es por tanto un medio defensivo o contramedida que evidencia la eficacia del carro como amenaza o medio ofensivo, legitimando pués su utilidad.
A la hora de plantear una acción ofensiva, forzar las defensas enemigas (incluidas las contracarro) destruirlas y ocupar/sostener el terreno, no valdrá ni la superioridad aérea ni la potencia artillera, sino que serán las unidades de maniobra (infantería y caballería) las que deban hacer el trabajo, utilizando fusileros a bordo de potentes blindados, no enjambres de drones ni robots.
Prototipo M8 de Bae Systems para el cancelado programa AGS del US ARMY.
Dentro de este escenario, sea convencional o híbrido, afecte a grandes unidades tipo cuerpo de ejército o a pequeñas partidas en campos de batalla ‘vacíos’, actuarán como siempre, maniobrando y batiendo por el fuego a las fuerzas enemigas. La entidad y proporción de dichas fuerzas estarán determinadas por la misión, el escenario y los requisitos establecidos por el mando de la operación, los condicionantes logísticos o la reglas de enfrentamiento; será esto y no su utilidad, fuera de toda duda, la que determine si es necesaria (o posible) la participación de fuerzas acorazadas.
Igualmente, debemos considerar la teoría cada vez más extendida (en realidad es casi tan antigua como el propio carro) de que los carros no combaten por sí solos, y que no tiene sentido protegerlos contra amenazas que no pueden soportar otros elementos de las llamadas ‘armas combinadas’ tales como los VCI o medios de zapadores y artillería autopropulsada. Desarrollada precisamente en Israel, que ha diseñado el VCI Namer con una protección similar al Merkava (de hecho deriva del chasis de este carro) ya se está extendiendo hacia otros países, lo que ha aumentado dramáticamente la protección y el peso de muchos vehículos, como los VCI Puma del Heer alemán, el VRC Ajax británico o las piezas de artillería K9 Thunder y Pzh-2000.
Esto genera no pocos problemas en cuanto a la sostenibilidad de las unidades acorazadas, pero desde el punto de vista del desarrollo de nuevos carros, puede tener el efecto contrario: no elevar la protección pasiva de los carros por encima de la del resto de vehículos con los que combate y aprovechar su desarrollo industrial para relevar a una completa familia de vehículos, a la par que generalizar el uso de sistemas CIS o de protección activa en todos los vehículos de primera línea, acabando con la brecha tecnológica y doctrinal entre el MBT y el resto de vehículos de combate con los que coopera.
En realidad esta tendencia acaba con un debate que, de otra forma, debería hacerse extensivo a todo vehículo militar… simplemente no podemos llegar a la conclusión de que su vulnerabilidad (que no se pone en duda) impide un empleo eficaz de la motorización en el arte de la guerra.
De esta forma, una nueva familia acorazada podrían basarse en un vehículo entorno a las 40 de peso de barcaza; a las que añadir, en el caso del carro de combate, una torre armada con un cañón de 130 o 140 mm, que será tanto más pesada cuanto mayor sea la protección (la mayor parte de los impactos que recibe un carro en combate es en la torre) y el volumen de la misma.
Al respecto debemos considerar que la robotización de las torres deben suprimir el espacio reservado a parte (o la totalidad) de los tripulantes, reduciendo considerablemente el volumen de las mismas. Es por ello que los diseños soviéticos, con sistemas de carga automática en la parte inferior de la torre o cesta (alojada dentro de la barcaza) lucen torres mucho más pequeñas que sus homólogos occidentales (existen dos diseños, uno con almacenaje de proyectiles en tambor vertical y cargas separadas, el de los T64 y T80, y otro con ambos dispuestos en posición horizontal en el piso de la torre, utilizado en el T72 y T90) incluido alguno con cargador automático como el Leclerc francés (pues recurre a cargadores tipo tambor en la parte trasera de la torre); esto por sí solo supone un elemento de protección pasiva de gran importancia.
Esta tendencia, sin embargo se ha roto con el T14 Armata, un vehículo con una torre completamente automática y tripulantes alojados en una célula de alta protección en la barcaza (recordemos que este es el concepto básico que persiguen los MRAP, y es inadecuado para un blindado de combate). Pese a ello, la torre es de generosas dimensiones y tiene, además, un perfil bastante alto, por lo que es muy vulnerable a los impactos desde larga distancia de los siempre precisos sistemas de puntería de otros carros o de los MCC de largo alcance.
Cabe decir al respecto del nuevo diseño ruso, que su cañón, el 2A82, dispone de mayor presión en la recámara y, por tanto, mayor potencia (que se traduce en velocidad inicial del proyectil) pero no un mayor calibre que sus predecesores, manteniéndose en 125mm.
Si queremos que el cargador automático suponga un avance en cuanto a ergonomía y perfil de la torre del nuevo carro será necesario diseñarlo de forma similar a los de los T80/90, con un sistema de carga rotativo bajo la torre y una teja elevadora hasta la recámara del cañón. La posibilidad de utilizar munición desengarzada permitiría reducir el volumen y peso de las cargas, a la vez que dividir el sistema de municionamiento en dos vías diferentes, como sucede con las torres de artillería autónomas, donde los proyectiles y las cargas propelentes se almacenan y llegan a la pieza desde dos canales separados. Esto es así por la necesidad de ajustar la carga propelente al proyectil y la trayectoria/alcance deseada, propio de los fuegos indirectos.
Extrapolar este sistema modular a los carros de combate mejoraría la vida útil de los tubos, evitandoles esfuerzos excesivos cuando el blanco no justifique realizar disparos a ‘carga completa’ además de aportar mayor flexibilidad en el uso de los propelentes,que podrían ser menores al de proyectiles embarcados, empleando estos como ‘efectos alternativos’ a una cantidad de disparos (cargas) dada. También supone una menor vulnerabilidad de la torre por deflagración de la munición, ya que muchos de los proyectiles son inertes y sus cargas propulsoras estarían almacenadas en el interior, lejos de las zonas de impacto en la torre que, además, suelen estar menos blindadas (trasera).
Por otra parte para mejorar la presión en la recámara sin aumentar el volumen de estas ni de los propelentes, habrá que sustituir las cargas sólidas granuladas por las cargas líquidas, lo que implica un aislamiento más eficiente de las mismas ante los daños de combate, algo que implica retirarlas de las santabarbaras de la torre.
Respecto al grupo motopropulsor, la evolución actual de los vehículos blindados parece ir dirigida a la propulsión híbrida. De entre los más avanzados podemos citar el VCI GCV, que Bae systems y Northrop Grumman desarrollaron para el US ARMY (el proyecto se canceló en 2014).
Los avances en las nuevas baterías de litio (que entre otras cosas están llamadas a revolucionar la capacidad de los submarinos) pueden permitir a los futuros vehículos operar en modo eléctrico, lo que conlleva mejoras en la firma acústica e infrarroja, mayor aceleración instantánea y superior capacidad para operar con sus sistemas sin necesidad de mantener encendido el motor diesel (algunos carros, como el Abrams, usan una turbina de gas, pero su uso no se ha generalizado).
En realidad el concepto no es nuevo, los grandes tiempos de espera que se dan en los actuales campos de batalla, donde predomina la acción en ‘presencia’ desde posiciones preparadas, puntos de control (check points) o como elementos de vigilancia y protección de puestos de combate avanzados (COP) han hecho imprescindibles las APU (unidad de potencia auxiliar) que consisten en un pequeño grupo electrógeno que genera electricidad para los principales sistemas del carro sin necesidad de encender el motor. Se puede decir pues que los actuales carros ya son vehículos ’híbridos’.
Profundizando en el concepto, podemos determinar las ventajas de una propulsión híbrida, o mejor dicho, una configuración híbrida que incluya un grupo generador y una propulsión exclusivamente eléctrica.
Al contrario de la propuesta de Bae para el US ARMY, el E-X drive system (un sistema híbrido dual que cuenta con un motor diesel MTU) el concepto con más posibilidades de cara al futuro sería el vehículo de propulsión exclusivamente eléctrica asociada a un electro generador diesel.
Ciertamente, que un vehículo como un carro pudiera impulsarse exclusivamente por la acción de motores eléctricos permitiría entre otras cosas:

Simplificar la transmisión, dirección y los sistemas de freno.
Mejorar la firma térmica y acústica del carro.
Eliminar la APU.
Igualmente permitirá reducir el sistema motor (y de refrigeración) al sustituirlo por un grupo electrógeno.

Por contra, requiere un alto volumen de baterias para dotarlo de suficiente autonomía, a pesar de lo cual en los traslados de larga duración deba mantener el grupo encendido, preservando la carga de las baterías en un mínimo establecido para que pueda entrar en combate inmediatamente, y siempre limitando el consumo en estas condiciones desconectando entre otros, los sensores más demandantes, como el sistema radar.
De las prestaciones del conjunto saldrán los protocolos de uso más adecuados, pero el carro siempre deberá garantizar que sus baterías le permitan combatir y maniobrar a plena potencia eléctrica (generador parado) al menos durante 15 minutos, o bien mantener activos todos los sistemas eléctricos con movilidad reducida (60% de potencia) durante 30 minutos.
El grupo electrógeno igualmente debe garantizar la movilidad del carro (sin sistemas de combate) en modo de emergencia de forma continuada, aunque tenga descargadas las baterías, hasta agotar el combustible; es decir generar electricidad como para mover (y parar) el carro, orientar la cúpula defensiva (AMP) y mantener las comunicaciones tácticas (PR4G).
Por contra, en los tiempos de inactividad, los tripulantes deberán aprovechar a encender el grupo para recuperar la carga de las baterías. Lo deseable dado el tiempo que esto supone es que los pelotones de abastecimiento de las PUs acorazadas dispusieran de grandes grupos electrógenos de alto voltaje para una recarga rápida de los blindados. Sí, el futuro carro de combate podría ser un híbrido enchufable, como los turismos más avanzados.
Contenedor de municiones CBU-105. En su interior se alojan hasta 10 submuniciones BLU-108, cada una de las cuales posee cuatro cabezas de guerra inteligentes denominadas “Skeet” con una carga explosiva de 0,9 kilogramos.
Sin entrar en detalles competencia de un estudio de ingeniería industrial, la configuración más probable sería la de una barcaza con frontal elevado, similar al merkava, donde se instalarían la transmisión y los dos propulsores eléctricos, conectados de forma directa a ambas cadenas del carro, tras ellos la cuna en forma de rejilla de acero para las baterías que se proyecta por el piso, en el canal que forma la suspensión (de esta forma suponen un elemento integral de la protección frontal y contra minas) con compuertas para su fácil sustitución. Por su parte en la parte trasera estaría el grupo electrógeno, que debe ser sustituible de forma rápida, integrando el depósito de combustible en un conjunto modular compacto.
El carro dispondría de una transmisión automática reductora de relación única, un variador electrónico (para actuar como dirección, modificando la velocidad de giro de cada motor/cadena individualmente) y un sistema de frenos con bloqueo electromagnético.
En este punto es relevante hablar del posible sistema de refrigeración del carro, que puede sustituir con un único sistema (refrigerado por aire) tanto al aire acondicionado de la cámara de combate, como al sistema de refrigeración motor y un sistema para enfriar los sistemas eléctricos, cada vez más potentes. Adicionalmente deberemos considerar la posibilidad de mantener la munición (propelentes líquidos) a un temperatura constante.
En cuanto a la tripulación, dos hombres en la torre, uno a cada lado del cañón, permite bajar el perfil de la misma, ya que con tres tripulantes el jefe se sitúa por encima del tirador en el lado derecho, dejando el izquierdo al cargador, que trabaja de pie. Sin embargo, la opción de automatizar completamente la torre y alojar estos tripulantes en la barcaza es contraproducente, ya que dificulta la visión y la ‘conciencia situacional’ y trabajar en los mecanismos de la misma en caso de fallo o interrupción, también impone al carro un tamaño descomunal, así como problemas para la evacuación del carro o la cobertura próxima con las ametralladoras de a bordo,
Al respecto hay que considerar necesario una estación de armas de defensa próxima automatizada para una ametralladora pesada; de esta forma el carro, que no dispone de un arma principal adecuada para las cortas distancias (como un AIFV) puede actuar de forma más segura en entornos urbanos. Igualmente este arma, asociada al sistema de protección activa y sus sensores de localización, puede batir de forma efectiva drones y otras aeronaves SSL (Slow, small and Low) que supongan una amenaza para las fuerzas propias. Este arma debería ir asociada al visor de observación primario (esclavizada automáticamente a la retícula de puntería del mismo) del jefe de vehículo, ahorrando en cámaras de visión/puntería adicionales; toda vez que sin tripulante cargador, el jefe será el único que operará este arma. También llevaría asociados los lanzadores de humo/fragmentación, que de esta forma tendrían capacidad de actuar 365º sin necesidad de orientar la torre del carro.
Completaría la potencia de fuego una AMM de 7,62mm en la escotilla del tirador, un arma disparable tanto desde el interior como el exterior y que se utilizaría principalmente en entornos asimétricos. Sin embargo, la ametralladora coaxial, de difícil uso y una reminiscencia de cuando se usaba como sistema auxiliar de puntería (munición trazadora) se suprimiría en favor de una notable mejora en la consistencia estructural del mantelete del cañón y en la ergonomía de la propia torre.
Para completar la dotación disponemos del conductor, un miembro obligado a viajar en un pequeño cubículo en el frontal del casco sin apenas visión sobre el exterior, por lo que dispone de cámaras de asistencia a la conducción, cuando no es guiado directamente por el jefe de vehículo. No es de extrañar que en algunos proyectos se haya suprimido.
No obstante, la necesidad de gestionar el grupo motopropulsor híbrido (carga de las baterías, modos automáticos de encendido, etc) hace recomendable mantener a este tripulante, más cuando la carga de trabajo del jefe, con los nuevos gestores de campo de batalla y la información en red que debe gestionar, hace casi imposible que dé instrucciones continuadas a su conductor. Más aún, deberían usarse los sensores de protección del carro para presentar al conductor una imagen virtual 3D del terreno alrededor del mismo, complementando la visión directa que tiene del exterior (periscopio dia/noche pasivo) que podría limitarse a la conducción de traslado (fuera del campo de batalla). De hecho la capacidad de contrastar la ‘imagen’ radar con la procedente del GPS (y el mapeo integrado en el mismo) puede permitir una gran resolución, similar a la de un SAR (radar de apertura sintética) ofreciendo calidad fotográfica del entorno.
En este punto surge la duda de si sería conveniente dotar a los carros de radares de adquisición de objetivos, por ejemplo el AN/APG78 del Apache (con su mismo soporte integrado en el techo de la torre, por ejemplo) dado el creciente alcance efectivo de los actuales cañones. La posibilidad de que un carro pueda adquirir objetivos a más de 10 kms y mediante la calculadora de tiro, batirlos con munición de alto explosivo, introduce a este sistema de armas en la categoría de ‘fuegos indirectos’ y permite a los carros de combate operar sin artillería de apoyo.
Como decíamos anteriormente, los carros de combate tradicionalmente se han integrado en unidades interarmas, incluso desarrollando familias acorazadas, lo que disminuye los costes de mantenimiento pero aumenta exponencialmente la exigencia logística del conjunto de plataformas. Desde luego si se opta por un vehículo híbrido tan complejo como el descrito, la inversión sería a todas luces prohibitiva.
Por ello, cada vez de forma más generalizada el carro se emplea como un potenciador de unidades ligeras mucho más sostenibles, por lo que se ha perdido la cohesión de las unidades interarmas plenamente acorazadas, cuya entidad no ha hecho más que disminuir en todos los ejércitos de nuestro entorno.
El caso más significativo es el de Francia, que opera sus carros Leclerc junto a los VBCI 8×8 e incluso con los VBL 4×4 en unidades orgánicas tipo sección, sin disponer de un VCI cadenas; tampoco parece que vaya a renovar la artillería ATP cadena (los AU-F1) ya que está introduciendo masivamente los CAESAR, obuses instalados en la cabina de un camión. Igualmente, el Jaguar 6×6 será su único vehículo de reconocimiento de combate, con un cañón de 40mm (renunciando a los blindados de ruedas con cañón de 105mm).
De todas formas, la necesidad de afrontar amenazas letales en todo tipo de escenarios (la proliferación de modernos MCC, los IED caseros o las siempre asequibles minas) obliga a potenciar cada vez más este tipo de vehículos, haciéndolos más pesados y complejos, e incorporando armamento muy sofisticado, protección activa, inhibidores de frecuencia, etc.
No es de extrañar que los informes operativos que maneja el pentágono estadounidense pongan de relieve que sus blindados stryker no han supuesto una disminución de los costes de operación respecto a los M2 bradley salvo en su empleo en carreteras y caminos asfaltados, siendo relevante el tremendo desgaste de sus suspensiones (acuciados además de sobrepeso al reforzar su blindaje, algo que ha empeorado radicalmente con la sustitución de la torreta remota por un arma de 30mm) o el consumo de neumáticos, demostrandose incapaces de rodar más de 1.000 kms.
Así pues, la razón de ser de los medios de ruedas ha sido superada por las necesidades de las unidades de combate, no resultando ya tan rentables, sobre todo si se comparan con las nuevas tecnologías aplicadas a las cadenas, como los modelos de caucho con cuerpo de alambre, probados entre otros en la barcaza ASCOD2 ofrecida por SBB para el concurso danés.
En base a este vehículo SBB ha presentado un carro ligero armado con una torre robótica UT30 de 30 mm y el sistema de protección activa Ironwall, junto a otro modelo de carro medio (utiliza la barcaza más pesada, desarrollada para el Scout SV británico, de 42 Tm) armado con cañón de 120mm.
Estos desarrollos no son novedosos y se puede decir que todos los fabricantes de AIFV en los últimos años han ofrecido en mayor o menor medida carros ligeros para exportación (el primero de ellos fue el TAM, un desarrollo de Thyssen basado en el Marder para el ejército argentino), la novedad está en que por primera vez, estas barcazas disponen de unos blindajes a la altura de un vehículo de este tipo, capaces de resistir impactos frontales de munición APFSDS de 30x173mm a 500 mts en un ángulo de incidencia de < 30º (STANAG 4569 nivel 6) a lo que se une la madurez alcanzada por los sistemas de protección activa, como el trophy, que está siendo instalado en los M1A2 SEP del US ARMY.
Vehículo de transporte de tropas ASCOD DK de SBB, un modelo equipado con una cadena de goma de bajo mantenimiento.
 
 
CONCLUSIONES
El carro de combate seguirá siendo el rey de los campos de batalla. Siempre que se empleen fuerzas terrestres actuarán con la misma premisa: maniobrar para obtener ventaja sobre el enemigo, batirlo y sobrevivir al encuentro; y por ello deberán disponer de los medios de protección, potencia de fuego y movilidad necesarios para lograrlo. De las capacidades que dispongan, su doctrina de empleo y su nomenclatura surgirán nuevos medios de combate, que quizá no correspondan con los actuales, pero que seguirán siendo necesarios para cumplir la misión.
Es evidente que no existen los sistemas de armas infalibles ni los medios invulnerables, por lo que las bajas en combate seguirán siendo la cara amarga del arte de la guerra. Sin embargo, no por ello dejará de emplearse la fuerza cuando las premisas políticas así lo consideren, en cuyo caso se necesitarán fuerzas capaces de llegar, evaluar y vencer (Veni vidi vici, en palabras de Julio César) así pues la movilidad estratégica, la inteligencia y la capacidad de combate deberán ser las tres premisas de los ejércitos del futuro.
¿Hay dentro de este futuro lugar para el carro de combate? Por supuesto, con unas características u otras, el medio capaz de combinar potencia de fuego, movilidad y protección seguirá siendo el instrumento básico para ‘vencer’.
Los adelantos tecnológicos, sin embargo, parece que cambiarán las capacidades de los futuros carros como nunca antes desde la WW2. Parece así viable desarrollar un moderno carro de combate con un peso un 30% inferior a los actuales (< 50 ), pero capaz de sobrevivir a múltiples amenazas, dotado de gran potencia de fuego y mayor flexibilidad, así como una movilidad táctica sobresaliente.
Gracias a la configuración de su grupo propulsor, el futuro del carro de combate será más silencioso, más ágil y sus sistemas de visión del campo de batalla (integrados en una red C2) le permitirán mejorar la siempre limitada conciencia situacional y la toma de decisión de sus tripulantes. En este aspecto será fundamental integrar los sensores asociados a los sistemas de protección como un elemento más del sistema CIS del carro de combate futuro, utilizando la información radar/optrónica captada de forma proactiva. ■
 
 
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Fuente: Ejercitos.org
El porvenir de los carros de combate

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