El desesperado contexto estratégico tras la orden de matar a Soleimani

Por Guillermo Pulido Pulido

La orden de asesinar a Soleimani dada por Trump, pudo ser un acto muy desesperado y arriesgado, pero no un acto de locura o carente de sentido estratégico. Por ejemplo, el general David Petraeus, profundo conocedor de las luchas de poder iraquíes y que logró someter las insurgencias suníes y chiitas durante la época del «Surge» en Irak, afirmó en una entrevista al Foreign Policy publicada el 3 de enero, que la decisión de Trump puede haber tenido la virtud de haber restablecido la disuasión a Irán, y frenar la estrategia iraní y de Soleimani de expulsar a EEUU de Irak y tomar el poder del gobierno de Irak, mediante marionetas políticas iraquíes.

Hay que entender que hacie diciembre de 2019 y enero de 2020, los EE.UU. no tenían muchas más alternativas que las dos siguientes: 1) marcharse de Irak por el hostigamiento creciente, o 2) intentar contraatacar (bombardeando los campamentos de Kata´ib Hezbollah, matando a Soleimani, etc).

Como expliqué en este artículo, desde noviembre de 2019 («Misteriosos» ataques con morteros contra bases con tropas americanas, 3 de noviembre), Irán y sus milicias habían comenzado una campaña de hostigamiento contra la presencia militar de EEUU en Irak, ejecutando ataques con cohetes contra las bases en las que estaban desplegados. Esta campaña de las milicias proiraníes estaba orquestada por la Fuerza Qods que dirigía su comandante, el general Qassem Soleiman. Irán necesitaba actuar rápido y con violencia a partir de noviembre, porque desde octubre las protestas prodemocráticas y antiraníes que ponían en peligro su influencia en Irak ganaron mucha tracción (el 29 de noviembre terminó dimitiendo el primer ministro proiraní, Abdul Mahdi).

Recordemos que esas fuerzas militares de EE.UU. estaban por invitación y petición del gobierno iraquí en 2014 para derrotar al ISIS, siendo la abrumadora y muy precisa potencia de fuego norteamericana, y su apabullante superioridad logística, el factor principal (aunque no único), de la derrota militar del ISIS. Es decir, que los EE.UU. están en Irak no por la invasión de 2003, se marcharon en 2011, y regresaron en 2014 tras la caída de Mosul y la proclamación del Califato.

En noviembre de 2019, ante los continuos ataques de las milicias proiraníes, la situación aparecía ya a los observadores del conflicto en Irak aparecía como insostenible. Las fuerzas de EEUU estaban desplegadas para combatir al ISIS y no podían ejecutar operaciones contra las millicias proiraníes que les atacaban, por lo que solo podían quedarse en sus bases mientras las milicias proiraníes les iban atacando cada vez con más frecuencia e intensidad, hasta hacer inviable la permanencia de esas tropas. Observadores muy agudos como Michael Nights, ya el 12 noviembre decían que ante lo insostenible de esa situación, los EE.UU. debían optar esencialmente entre dos opciones: 1) marcharse por su propio pie, o 2) intentar responder militarmente a las acciones de las milicias proiraníes.

No obstante, tomar cualquiera de esas dos decisiones era una decisión muy dramática y sin vuelta atrás, de consecuencias tectónicas para la estrategia regional: 1) abandonar Irak y dejarla inerme a las maniobras encubiertas iraníes, 2) iniciar una guerra contra las milicias proiraníes que podría escalar hasta luchar contra Irán mismo. Esta situación de polvorín a punto de estallar en la lucha por el control de Irak entre diferentes actores y potencias, se contemplaba con preocupación ya desde el verano

La gravedad de cualquiera de la opiciones indujo a que la decisión fuera postergada. Mientras tanto, los ataques de las milicias proiraníes continuaron incrementándose, hasta que el 27 de diciembre, la milicia KiB (dirigidos en la sombra por Soleimani y la Fuerza Qods) ejecutó un ataque con cohetes a gran escala contra una base norteamericana en el Kurdistán, lanzando nada menos que 30 cohetes contra ella, matando a un norteamericano e hiriendo a varios más. Fue en ese momento en que EE.UU. no pudo mirar más hacia otro lado y tener que escoger entre alguna de las dos opciones.

Los norteamericanos escogieron finalmente luchar contra las milicias proiraníes que no dejaban de provocarlos y hostigarlos, por lo que el 29 de diciembre bombardearon varios campamentos de KiB. Esto generó una gran algarabía de los milicianos proiraníes, que asaltaron la Zona Verde en Bagdad. Cabe resaltar que solo se veían banderas e insignias proiraníes e Iraníes, no nacional iraquíes, no fue una manifestación popular sino de unos sectores concretos y minoritarios. No obstante, los bombardeos americanos eran vistos con rechazo por los partidos políticos chiies.

Como los iraníes iban a seguir atacando cada vez más a los norteamericanos (como venían haciendo desde noviembre) y los EE.UU. respondieron a las milicias proiraníes, lo lógico era que Soleimani y las milicias proiraníes realizaran todavía más ataques. Eso fue lo que llevó a EE.UU. a comenzar aumentar el despliegue militar en sus bases en Irak y en Oriente Medio. Por otra parte, dado que el coste político de atacar a las milicias proiraníes iba a ser igualmente muy alto, ya se bombardease a campamentos con personal no clave o se bombardease a una alta personalidad, llegados al punto que estaban, lo lógico era bombardear a los objetivos más importantes posibles (matar a Soleimani) en lugar de desperdiciar el escaso margen político en atacar objetivos secundarios nada decisivos.

Por lo tanto, si EE.UU. escogía la opción de luchar e intentar quedarse en Irak, lo más racional era matar a Soleimani (la mente maestra e insustituible que coordinaba y mantenía unidos una enorme galaxia de milicias y grupos políticos). Por otra parte, quizás la opción más racional fuera que las fuerzas militares de EE.UU. se marcharan de Irak ya que quedarse y luchar quizás no fuera a lograr frenar las maniobras iraníes y de sus proxies.

A ese respecto, hay que resaltar en la votación del parlamento iraquí de hoy (domingo 5 de enero), los parlamentarios suníes y kurdos decidieron boicotear la sesión y no estar presentes, al estar muy en desacuerdo con la decisión de elevar al primer ministro la petición de estudiar la retirada de los militares de EEUU (es decir, suníes y kurdos no critican la muerte de Soleimani). Suníes, kurdos y muchos chiíes no proiraníes entienden los planes de hegemonía iraní que pretendía Soleimani, y que la presencia de las tropas americanas es un muro de contención contra esos planes.

Como explicaba en este artículo, Irán quiere controlar de manera subrepticia a Irak, y eso genera mucho rechazo en Irak, en el que los proiraníes no son la mayoría.

Es por ello que la decisión de atacar y matar a Soleimani no fue un acto de locura, sino casi la única opción si EEUU no quería dejar tirados a una mayoría de iraquíes, que no quieren vivir bajo la bota de un gobierno de marionetas iraníes que masacra y persigue a los que les llevan la contraria.
Fuente: Ejercitos.org
El desesperado contexto estratégico tras la orden de matar a Soleimani

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