El atentado en Mali que convenció a los tedax del Ejército de la necesidad de incorporar drones

Los desactivadores de explosivos del Ejército de Tierra quieren dar un salto en el material que utilizan y han visto en los drones la novedad que les permitiría trabajar con mayor seguridad cuando se enfrentan a un artefacto.

Confidencial Digital ha consultado un artículo, “Empleo de drones en la desactivación de artefactos explosivos”, que se ha publicado en el Memorial del Arma de Ingenieros. Se trata de la publicación del Arma de Ingenieros, que tiene por director al coronel inspector del arma y en su consejo directivo al general jefe del Mando de Ingenieros.

Los tedax o expertos en desactivación de explosivos se forman en la Academia de Ingenieros, en Hoyo de Manzanares (Madrid).

El autor del artículo es un brigada de Ingenieros, Óscar Nestar Gutiérrez, que es jefe de equipo EOD (desactivación de artefactos explosivos, en sus siglas en inglés) en la sección de reconocimiento y desactivación, de la compañía de apoyo del Batallón de Zapadores de la Brigada Galicia VII.

Afganistán dio la idea

Este tedax del Ejército con 18 años de experiencia explica que en su equipo llevana años buscando reducir los tiempos de intervención en el caso de trabajos a distancia, en los que se echa mano de robots para acercarse y desactivar explosivos.

“La necesidad del uso de drones en el proceso de desactivación IED (Improvised Explosive Device – Artefacto Explosivo Improvisado), surgió de las lecciones aprendidas de la desactivación de IED,s en Afganistán por parte de los equipos EOD del Batallón de Zapadores VII, como una posibilidad para reducir los tiempos de intervención y aportar mayor seguridad en el proceso de desactivación”, asegura.

En 2013 se introdujo por primera vez un dron en el programa de instrucción y adiestramiento diario y también en ejercicios y maniobras. Integraron un dron particular, propiedad de uno de los operadores de los equipos de desactivación. Se trataba de un modelo “Phantom 3 Advanced”.

Las primeras pruebas fueron satisfactorias, tanto en desactivaciones como también para obtener información para los pelotones de zapadores y los equipos de reconocimiento.

Pero el día clave fue el 24 de febrero de 2019. En la madrugada de ese día, desactivadores de explosivos tuvieron que hacerse cargo de un incidente real, más allá de los ejercicios y simulacros. El suceso tuvo lugar en Mali, y les convenció de la necesidad de ampliar la dotación de drones en los equipos de desactivación de explosivos, necesidad que este brigada expresa en el artículo del Memorial del Arma de Ingenieros como llamamiento a los responsables de dotar de material a las unidades.

Mali confirmó su utilidad

La Unión Europea mantiene desde hace años en Mali una misión de entrenamiento, con la que trata de formar al ejército nacional para hacer frente a grupos terroristas como Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), Movimiento para la Unicidad y la Yihad en África Occidental (Muyao), así como a la rebelión tuareg en el norte del país.

La misión tiene su base principal en Koulikoro. Participan una veintena de países, entre ellos España, que en el momento del ataque lideraba la fuerza de protección de la base.

“A las 03:10 horas de la mañana del 24 de febrero del 2019, un grupo terrorista del JNIM (Jama’a Nusrat ul-Islam wa al-Muslimin), un brazo de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), atacó el KTC. En un primer intento, un coche suicida (SVBIED Suicide Vehicle Borne IED), intentó sobrepasar el perímetro de la base, pero la rápida reacción por el fuego del personal de la FP [Fuerza de Protección], inmovilizó este primer vehículo en la puerta principal del KTC, evitando así mismo la detonación inicial de la carga explosiva de este SVBIED”, relata el desactivador de explosivos autor del artículo.

La cosa no quedó ahí, porque “un segundo coche suicida, al ver bloqueado el acceso, detonó su carga a unos metros del primer vehículo suicida. Esta detonación destruyó por completo la puerta de acceso principal, causando graves daños a las infraestructuras próximas, así como roturas de techos y ventanas que alcanzaron incluso edificios situados a 200 metros”.

Explosivos dispersos y escondidos

Así que fueron movilizados los artificieros. Se trataba del equipo de desactivación español (EQ. EOD SP) de la QRF (Quick Reaction Force) de la misión EUTM Mali XIII, que a las 7:30 de ese 24 de febrero se encontró “con un escenario que no encajaba exactamente con los casos previstos”.

¿Por qué? El equipo se había adiestrado en temas de desactivación con coches suicidas tanto con conductor abatido como en post-explosión. Pero en esta ocasión tenía que hacer frente a un incidente que “requería de un protocolo mixto, nuevo, con un planeamiento muy específico”.

El primer coche suicida había quedado encajado entre los escombros de la puerta principal. Por efecto de la onda expansiva del segundo coche suicida, el que sí explotó, la carga explosiva del primero se encontraba “dispersa e inestable alrededor de los restos de la ‘pick-up’”.

Después se determinó que se trataba de 500 kilos de explosivo casero (que se califica como HME, Homemade Explosive).

Esos 500 kilos de material explosivo habían quedado desperdigados, buena parte fuera del vehículo suicida, en muchos casos medio oculto por escombros. La situación ofrecía muchas dificultades para una desactivación, principalmente porque los tedax españoles no sabían bien, desde la distancia y a ras de suelo, dónde estaba la carga.

El dron aportó información clave

El equipo de desactivación de explosivos contaba en la base de Koulikoro con un dron modelo “Mavic 2 Zoom”. Los militares españoles decidieron recurrir a él para poder detectar, desde el aire, dónde se encontraba el material explosivo.

“El apoyo de un dron para ejecutar el reconocimiento, y asegurar la zona de riesgo explosivo, después del incidente ocurrido en el Koulikoro Training Center (KTC, Koulikoro – Mali), fue fundamental para obtener información y aportar seguridad en el desarrollo de los trabajos de desactivación”, destaca este brigada de Ingenieros.

El dron fue dirigido hacia el lugar donde estaba encajado el vehículo. Volando a baja altura pudo enviar imágenes en alta resolución con las que los militares obtuvieron “información detallada de la ubicación de las cargas explosivas inestables que habían quedado dispersas”.

Es más, las imágenes grabadas desde el aire permitieron al equipo de desactivación de explosivos “diferenciar el tipo de envuelta, la situación, y en algunos casos el estado del tren de fuego de las cargas explosivas, que estaban semienterradas entre los escombros”, así como establecer el volumen del tipo de contenedores donde estaba el explosivo.

Con la información proporcionada por el dron, se pudo establecer la ruta de aproximación y trabajo del robot desactivador modelo Teodor: se identificaron los escombros que tenía que evitar, para no provocar la iniciación fortuita de alguna carga explosiva.

También permitió fijar las distancias de seguridad y el nivel de EPI (equipo de protección individual) que debían usar los miembros de la Fuerza de Protección que debían acercarse a establecer el perímetro de aislamiento.

No tienen drones y son necesarios

En base a esa experiencia, el jefe de equipo EOD en la sección de reconocimiento y desactivación de la compañía de apoyo del Batallón de Zapadores concluye que “en el procedimiento de asegurar la zona de riesgo explosivo en incidente del 24 de febrero de 2019 en el centro de entrenamiento de Koulikoro en Mali, se demostró la utilidad de integrar drones como medios de observación remotos”.

Añade que “además de reducir los tiempos de intervención de los robots de desactivación, se ha demostrado también, a través maniobras y ejercicios, las ventajas para planificar, agilizar y reducir riesgos en los procesos de desactivación, en beneficio de la seguridad de los equipos EOD de las Unidades de Ingenieros”.

Pese a todas esas capacidades, lamenta el autor del artículo, “a día de hoy, no existe en la dotación de los equipos EOD ningún tipo de UAS [dron] de adquisición por vía Logística. Si bien es cierto que la observación y el trabajo a distancia se pueden realizar con el robot TEODOR de dotación, se considera que el apoyo de un dron es fundamental durante el proceso de desactivación, para agilizar las fases mencionadas en este artículo”.

Como alternativa, señala que “los drones de uso comercial no cumplen con todas las necesidades específicas para su uso en el ámbito militar, pero pueden servir de base para la adaptación rápida de algún modelo específico, que permita su integración a corto plazo en los medios utilizados por los equipos de desactivación de las Unidades de Ingenieros”.
Fuente: elconfidencialdigital.com
El atentado en Mali que convenció a los tedax del Ejército de la necesidad de incorporar drones

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