La ayuda militar de los Estados Unidos a España y los Pactos de Defensa Mutua

La ayuda militar de los Estados Unidos a España, y los Pactos de Defensa Mutua
Cuando España comenzaba su andadura…
 
 
 
“Los tratados son como las rosas y la juventud de las mujeres. Duran lo que duran”
General Charles de Gaulle, Presidente de la República francesa
 
 
La historia de Europa en el siglo XX, y la de España, es incomprensible sin la referencia a Estados Unidos. El espectacular desarrollo de la economía y la tecnología estadounidenses contribuyeron a ello, pero muy posiblemente el fenómeno clave para explicar la rápida propagación del “American way of life”en Europa fue el desencadenamiento y efectos de las dos guerras mundiales. Si tras el primero de los conflictos bélicos ya se apreciaban síntomas de un incremento de la presencia norteamericana en suelo europeo (mundo de los negocios, publicidad, cine,…), fue a raíz de los sucesos de la II Guerra Mundial cuando su influencia en los asuntos del viejo continente iba a resultar determinante.
La impronta de Estados Unidos marcó las iniciativas que desembocaron en instituciones básicas de los países de Europa occidental: OECE, OTAN y CEE. En la memoria colectiva de los ciudadanos de ese conjunto de países, los norteamericanos quedaron asociados con la liberación tras la guerra mundial, con el patrocinio de la recuperación económica bajo los auspicios del Plan Marshall, o con el dispositivo militar que servía de freno al expansionismo soviético.
El fin del aislamiento diplomático de España en 1953 estuvo motivado en gran parte por la reciente Guerra de Corea y por la constatación clara y sin equívocos de los Estados Unidos de que, al final y después de todo, la Unión Soviética era su adversario y una grave amenaza para sus intereses, ante lo cual no podía prescindir de ninguno de sus aliados potenciales, y menos de un país como España que ocupaba un lugar geoestratégico tan relevante ya fuera de cara al Océano Atlántico como al Mediterráneo Occidental. Washington aceptó, como concesión a otros aliados europeos, que no se aprobase el ingreso de España en la OTAN –al menos mientras perdurase el régimen del General Franco-, pero compensó esta contrariedad con unos acuerdos militares bilaterales que, en el fondo, le resultaban mucho más productivos mientras que para España suponían volver a ser aceptada en la comunidad internacional y, de alguna forma, significaban un reconocimiento de su régimen político.
Para el Ejército español los acuerdos supusieron un gran paso adelante y aún cuando mucho equipo y material que se recibió no era el último grito, una parte importante era material moderno que venía utilizando el propio Ejército norteamericano, y otros ejércitos europeos, como fueron los carros M-47 que, contrariamente a como se ha escrito muchas veces, no habían participado en combate en Corea, y en 1953 eran el carro más moderno en toda la OTAN, o los aviones de caza F-86F Sabre, que eran el primer avión de reacción con que contaba por primera vez el Ejército del Aire. Los acuerdos defensivos con los Estados Unidos han venido prorrogándose sucesivamente en el tiempo hasta nuestros días, incluso tomando ya forma de Tratado, aunque en la actualidad han perdido mucho de su sentido al estar ya España firmemente imbricada en las estructuras defensivas y políticas del mundo occidental.
La llegada de los americanos fue un hecho real de una importancia extraordinaria para nuestra historia y para nuestra economía. Y tras su llegada, a diferencia del imaginario pueblo de la película de Berlanga “Bienvenido Mr. Marshall”, España no permaneció como antes, cambió de forma decisiva. Destacan, como consecuencias fundamentales derivadas de los acuerdos con los Estados Unidos: la magnitud de la ayuda, la estabilidad que los acuerdos proporcionaron al régimen de Franco y la introducción de elementos de racionalización económica en la política del gobierno de entonces. Para aquella España atrasada y mísera de los años 1950, la llegada de los americanos, por mucho que duela a algunos, fue como la lluvia para un campo sediento.
 
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La España de los años 1940 fue, en efecto, una España sedienta y, más aún, hambrienta. Y conviene recordar que esta década constituye, sin lugar a dudas, el período más negativo de nuestra historia reciente, a excepción del tiempo de la propia Guerra Civil.
La posguerra española se caracterizó por una recuperación lentísima, sin parangón con lo que sucedió en los países europeos que habían participado en la Segunda Guerra Mundial, cuya recuperación posbélica fue mucho más rápida, a pesar de haber sufrido daños mayores. España pagó con una prolongada crisis y una recuperación lenta, la posición política y la política económica de los primeros años del régimen de Franco. En lo político, el alineamiento de Franco con las potencias del Eje y la hostilidad hacia los aliados, incluyendo aquí el tema de la División Azul, granjeó la antipatía de las potencias democráticas hacia el régimen del Caudillo. La consecuencia fue que, acabada la Segunda Guerra Mundial, España se encontró aislada y se vio privada de la ayuda norteamericana que, con el nombre de Plan Marshall, recibieron la mayor parte de los países europeos.
El diplomático George F. Kennan motivó con su informe sobre la URSS un cambio de actitud en Washington hacia Franco
A finales de la década de los 40 la situación era cada vez más difícil. Conviene recordar que los niveles alimenticios de 1935 no se alcanzarían de nuevo hasta bien entrados los años 1950. Para colmo de males, en 1949, Argentina dejaba de enviar trigo a España como consecuencia de las deudas contraídas e impagadas por el gobierno de Franco. Existían cartillas de racionamiento y en estas circunstancias, a comienzos de 1950, se empezaron a dar las primeras muestras públicas de descontento, a pesar de la represión que podía darse.
El 12 de diciembre de 1946, la Asamblea General de Naciones Unidas condenó al gobierno español, invitando al resto de los países a la retirada de embajadores de España (Resolución 39/I). A partir de 1947, España dejó de incorporarse sucesivamente a la Organización Mundial de Correos, la Unión Internacional de Telecomunicaciones, la Organización Internacional de Aviación Civil, el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT), la Unión Europea de Pagos(1948), la Organización para la Cooperación Económica Europea (1948) y al Plan para la Reconstrucción de Europa, más conocido como Plan Marshall, al haber sido este general norteamericano, como Secretario de Estado, su impulsor final mediante la lectura de un discurso programático en la Universidad de Harvard el 5 de junio de1947.
Su firma en París el 12 de julio de 1947 supuso la exclusion española de los casi 13.000 millones de dólares que Estados Unidos facilitaría a todos los países europeos, fuera del bloque soviético y de Finlandia, por su especial status en relación con dicho bloque. La razón principal de la exclusión no puede justificarse por el hecho de que España fuera una dictadura, ya que Portugal y Grecia también lo eran y no fueron tratadas como España. Fue la intervención de la Alemania nazi y de la Italia fascista a favor de Franco en la Guerra Civil, y la posterior relación de éste con las potencias del Eje durante la guerra mundial, lo que proyectó una imagen negativa de la opinión pública norteamericana hacia España. Es más, parece que la oposición británica -entonces bajo un gobierno laborista-, y francesa a que España recibiese fondos del Plan Marshall, fueron más fuertes que la propia estadounidense, ya que Marshall incluso declaró en febrero de 1948 que su país no tenía objeción en incluir a España dentro de los 16 países que iban a ser ayudados.
La situación comenzó a suavizarse en 1953 con la firma del Concordato con la Santa Sede y el Tratado de Madrid con Estados Unidos el 23 de septiembre del mismo año. Gracias a éste, España recibiría de los Estados Unidos 589 millones de dólares en el periodo 1955-58, mientras se firmaban acuerdos de colaboración en materia de defensa (instalación de las bases norteamericanas) y economía.
Después de la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos establecieron una serie de alianzas militares que les obligaban a considerar, en el marco de la recién inaugurada “guerra fría”, un ataque contra un aliado, como un ataque contra los Estados Unidos.  Esta era –y sigue siendo-, la esencia del Art. V del Tratado del Atlántico Norte, tratado que da origen a la OTAN, y que una vez firmado en abril de 1949 permitió al Presidente Truman, -aprovechando la ratificación de éste por el Congreso de los Estados Unidos el 25 de julio de ese mismo año-, anunciar que pediría autorización para conceder “ayuda militar para que las naciones libres sean capaces de protegerse a sí mismas contra la amenaza de la agresión“.
El presidente Truman concretó su petición al Congreso señalando tres tipos de ayuda para aquellos países que se consideraban vitales para la propia seguridad de los Estados Unidos, y que no podían pagar su propia seguridad. Estos tres tipos se concretaban en la Mutual Defense Assistance Act, del 6 de octubre de 1949 en:
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Fuente: Ejercitos.org

Epílogo: ¿Son los generales, incompetentes, incapaces, o simplemente, serviles?

 

Herederos de Franco: Epílogo

¿Son los generales, incompetentes, incapaces, o simplemente, serviles?

“La verdad es la verdad, dígalo Agamenón o su porquero” (Juan de Mairena)

Antonio Machado, 1936

“Los puestos de libre designación se transforman en puestos de confianza en grado máximo, sujetos a la total discrecionalidad del ministro. Este sistema hace de los generales, rehenes del partido en el poder y no servidores del Estado. Esto es lo que ocurre en los Ejércitos”

Teniente General, en la reserva, Juan Narro Romero, I Foro de la Revista Atenea, 25 de junio de 2009

Nada mas lejos de mi intenciόn comparer a Machado con Juan Narro, pero creo que la sentencia del primero, introduce adecuadamente la del segundo. De alguna forma se puede decir que todos los días 6 de enero comienza un nuevo año militar. El 6 de enero de 2010 comenzó un nuevo año para las Fuerzas Armadas, y con la celebración de la Pascua Militar, el mismo día, se inauguró un nuevo ejercicio, viniendo a ser el acto una especie de termómetro de la temperatura de la defensa nacional, como muchas veces solía ser.

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La Pascua Militar es una celebración que antaño fue puramente castrense, una reunión del Rey, como Mando Supremo de las Fuerzas Armadas –algo que ya no es por muchas 5 estrellas que ostente-, con una representación de los tres Ejércitos, y que se ha ido convirtiendo cada vez más en un acto político, donde priman la voz del Gobierno y sus representantes. En aquella ocasiόn fue un político –por primera vez-, en este caso la ministra de Defensa, quien, en nombre de los militares, se dirigiό al Rey. No hubo exposición alguna por parte ni del JEMAD ni de ninguna autoridad militar propiamente dicha. A la Sra. Chacón le sobraban. A partir de entonces, solo hablarían los ministros.

En 2017 ha sido nuevamente otra ministra la que ha hablado, y esta vez, además de un discurso grandilocuente centrado en viejas glorias, y de entrar en temas que en España nadie conoce, entre bastidores, y casi parodiando a Adolfo Suárez, ha prometido lo que no se puede prometer. A la Sra. Cospedal también le han sobrado los militares, como no podía ser menos.

En 2010 la ministra hizo un balance del año y aventuró las acciones e intenciones políticas para 2011, llegando incluso a exigir el consenso parlamentario para la nueva Ley de Derechos y Deberes de los militares, consenso que, en ningún caso, parecía haberse buscado con los propios militares -ni siquiera con la cúpula-, que dicho sea de paso estuvo ausente una vez más. Nadie se  atreviό a decirle a la ministra, que los derechos y deberes de los militares estaban ya claramente definidos en todos los reglamentos, empezando por las Reales Ordenanzas, siguiendo por todos los manuales diversos que se estudian en todas las Academias militares, y acabando en el propio Código de Justicia Militar, y que la citada Ley de Derechos y Deberes debería, sin duda,  referirse  major a los políticos que están ciertamente muy necesitados de que se los recuerden. Un discurso de la ministra que no fue sino un síntoma más de la politización de las Fuerzas Armadas lograda por parte del gobierno socialista del Sr. Zapatero.

María Dolores de Cospedal preside la toma de posesión del nuevo Jefe de Estado Mayor de la Defensa, general de Ejército Fernando Alejandre Martínez

María Dolores de Cospedal preside la toma de posesión del nuevo Jefe de Estado Mayor de la Defensa, general de Ejército Fernando Alejandre Martínez. Fuente: Ministerio de Defensa

Este peligroso proceso fue acelerado ya en su día por Bono y Alonso con el cese de algún que otro general como prueba de fuerza -pero no comenzó con ellos, sino que empezó ya en 1975, y en un claro intento a lo largo de los diversos gobiernos de aplicar la “sintonía” política a los  mandos militares. De ahí el triunfo de los generales y almirantes “políticos”, vinculados hoy al PP, y antes  al PSOE, y basta ver el servilismo exhibido entonces por el General Sanz Roldán o por el Almirante Torrente. Y la saga continúa.

Forma parte del proceso natural de las sociedades democráticas que el poder político tenga la última palabra a la hora de decidir sobre la elección de los cargos militares, y asigne éstos a quienes merezcan su plena confianza, pero esta confianza debería fundamentarse en las capacidades militares de los mandos y no en otras “cualidades”. Toda la cúpula militar, así como su credibilidad y confianza, es un referente para los ciudadanos de uniforme o no. ¿Qué pensaban los militares-y los civiles- del entonces JEMAD –General Rodríguez-, que no entraba en el debate sobre la naturaleza de la misión de los efectivos españoles en Afganistán, y que afirmaba que hay que regresar cuanto antes de aquel país, aunque al mismo tiempo estuviera de acuerdo en enviar más soldados, sin equiparlos debidamente, y que respondió con evasivas ante cuestiones delicadas como el secuestro, y fiasco, del atunero Alakrana?

No se pide que los generales entren en disquisiciones políticas que, por lógica, corresponden a los políticos, ni que lancen críticas contra la máxima autoridad civil, pero ciertamente cabe esperar algo más del que se configura como principal asesor militar del Gobierno – y cabeza del EMAD-, el último escalón en el proceso de toma de decisiones de carácter operativo,  dentro de la organización militar, así como del resto de integrantes de la cúpula, cada uno responsable de su ejército respectivo.

Con este panorama, con falsas promesas y politización creciente, con los recursos interpuestos contra la Ley de la Carrera Militar, con el escaso presupuesto de Defensa, y con la celebración de la fiesta de la Pascua Militar se inauguró 2010 para las Fuerzas Armadas. Y solo cabe concluir que estas fuerzas serían cada vez menos fuerzas y menos armadas, gracias principalmente a su cúpula de mando, totalmente pasiva e incapaz. Al final solo fueron bonitas palabras, totalmente huecas, y vacías de todo contenido real y práctico, y que, sorprendentemente, nadie discutió ni puso en tela de juicio.

Durante 2010 las Fuerzas Armadas sufrieron  varias afrentas –como siempre toleradas por sus propios mandos superiores, y en especial por la cúpula militar -, y así la realidad hoy es que el poder político está incrustado en la cadena de mando militar, y en consecuencia, es un hecho su intervención legal de manera imperativa en cuestiones organizativas, técnicas y hasta de régimen interior o de vida, que debieran ser de índole exclusivo de los Ejércitos, circunstancia ésta que seguramente no resistiría un análisis comparativo con la mayoría de las fuerzas armadas de los países aliados de nuestro entorno.

En las Fuerzas Armadas españolas, poco o nada queda ya fuera de la decisión de los políticos de turno. El Régimen Interior, tanto de carácter ordinario como extraordinario, y la Enseñanza Militar, piezas básicas de la institución militar, han sufrido y sufren hoy el permanente libre albedrío de los políticos, de manera legal, claro está, pero con el riesgo de mermar las capacidades físicas, intelectuales y morales en las que deben asentarse la cohesión y la eficacia operativa de los ejércitos. A todo ello consienten los generales.

Fuente: Ejercitos.org

¿Hubo alguna vez Carros de Combate en Vietnam?

 

¿Hubo alguna vez Carros de Combate en Vietnam?

 

 

A pesar de que en el Pentágono, el Alto Mando del US Army decidió en contra de emplear carros de combate y medios acorazados en Vietnam, al menos inicialmente, éstos se acabaron utilizando, aunque en forma y número limitados, y demostraron su utilidad y capacidades en ambiente tropical, y contra un enemigo sumamente escurridizo como fue el Vietcong, y en menor medida también, el Ejército norvietnamita.

No obstante, su utilización fue parcial y no en fuerza. Como en la reciente película “The Post” se revela, en Vietnam no se trató nunca de ganar la guerra -se sabía que no se podía ganar-, sino de no perderla. Por eso el empleo de carros de combate, y medios acorazados, fue limitado, y no produjo resultados. Fue un malgasto de recursos.

Entre 1973 y 1976 tuvo lugar la redacción de una monografía sobre la historia de las unidades acorazadas y mecanizadas en Vietnam, bajo la dirección del General de División Donn A. Starry[1], entonces director de la Escuela del Arma Acorazada, en Fort Knox, y a quien tuve el honor de conocer personalmente. Cuando me incorporé a Fort Knox, en agosto de 1976, pude conocer a alguno de los capitanes que habían redactado la monografía, de la que pude obtener un ejemplar posteriormente, cuando fue editada en 1978. Lo que sigue son los apuntes de mis conversaciones con los oficiales referidos, y un extracto de la monografía[2].

 

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La experiencia francesa

Francia fue la primera nación en utilizar carros de combate, y algún otro medio acorazado, en la entonces llamada Indochina[3]. A lo largo de prácticamente nueve años de combates casi ininterrumpidos, los franceses obtuvieron experiencias muy valiosas, que, sin embargo, en los Estados Unidos no se aprovecharon dado el resultado del conflicto y la consecuente derrota, y retirada francesa del Sudeste asiático. Fue un error ya que aunque Francia fue el perdedor definitivo, muchas batallas se ganaron gracias al empleo de los carros.

Inicialmente el General Leclerc, como comandante en jefe de las fuerzas francesas en la zona, aplicó su experiencia derivada de la Segunda Guerra Mundial, y obtuvo un resonante fracaso que se tradujo en cuantiosas pérdidas y bajas. A medida que los franceses fueron obteniendo mayor experiencia modificaron su organización y procedimientos para enfrentarse a la creciente capacidad del Vietminh, que era como se denominaban las fuerzas comunistas insurgentes, los resultados fueron mejorando.

Carro de combate ligero M24 de las fuerzas francesas en Indochina
Carro de combate ligero M24 de las fuerzas francesas en Indochina. Fuente – Colección del autor

Así, se organizaron dos tipos básicos de unidades acorazadas: el llamado Groupement Blindé (GB)-compuesto por un escuadrón de carros ligeros M-24 Chaffee, con 12 carros y 2 semiorugas M-3, y dos compañías de infantería mecanizada sobre transportes semiorugas acorazados M-3-, y el Groupe d’Escadrons de Reconnaissance (GER), con un escuadrón de carros ligeros M-24, un escuadrón de autoametralladoras-cañón sobre ruedas M-8 Greyhound, con 15 vehículos, una batería de artillería con 3 piezas, y una compañía de infantería. Esta organización demostró ser muy eficaz y de gran flexiblidad, aunque la escasez de infantería mecanizada era una seria desventaja a la hora de llevar a cabo operaciones pie a tierra.

Los franceses utilizaron frecuentemente los carros en misión de protección de convoyes y apoyo a las operaciones de contraguerrilla
Los franceses utilizaron frecuentemente los carros en misión de protección de convoyes y apoyo a las operaciones de contraguerrilla. Fuente – Life

Ya casi al final de la presencia francesa en Indochina, en 1954, el Groupement Blindé fue reforzado, pasando a contar con tres compañías de infantería motorizada sobre camiones, una sección de morteros de 81 mm sobre semiorugas M-3, y una sección adicional con 4 carros M-24 más. Aunque se obtuvieron algunos éxitos, una unidad completa -el Groupement Mobile 100 (GM 100)-, fue prácticamente aniquilada en la llamada batalla de An Khe[4].

En el momento de firmarse el armisticio y procederse a la retirada francesa de Indochina, desplegaban en el territorio vietnamita cuatro GBs, tres GERs, un regimiento de cazacarros autopropulsados M-36, y dos batallones con vehículos blindados anfibios. En total, los franceses llegaron a tener en Indochina unos 400 carros y más de mil vehículos blindados diversos.

Los franceses obtuvieron muchas enseñanzas valiosas en Indochina, y la principal conclusión fue la de que en una guerra revolucionaria y de guerrillas, los procedimientos convencionales no servían y tenían que modificarse. El empleo de grupos tácticos con diferente combinación de medios resultó apropiado en la mayoría de las ocasiones pero la principal ventaja se derivó de la adopción de una organización suficientemente flexible para adaptarse a la misión y a la situación de cada momento. La utilización de los carros en las operaciones en la jungla no resultó inviable, como algunos creyeron, y muy al contrario, los carros contribuyeron a resolver muchas situaciones difíciles para la infantería, siempre que el número de carros disponible fuera el adecuado. En este sentido, los franceses llegaron a la conclusión de que la mínima unidad de carros a agregar a una unidad tipo batallón de infantería debía ser la compañía o el escuadrón con 17 carros.

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El US Army en Vietnam

Durante el intervalo que sucedió entre la retirada francesa de Indochina, en 1954, y la llegada de las primeras tropas norteamericanas, en 1965, a lo que ya se dió en llamar Vietnam, las fuerzas sudvietnamitas siguieron empleando los medios acorazados disponibles, heredados de los franceses, con diversa fortuna.

Las primeras fuerzas norteamericanas en llegar al Sudeste asiático, cuando el Presidente Johnson decidió empeñarse a fondo, fueron unidades aerotransportadas y helitransportadas. La Primera División de Caballería era una unidad enteramente aeromóvil y carecía de medios acorazados. Hubo razones políticas y militares para no enviar carros de combate inicialmente a Vietnam.

El comandante en jefe de las tropas norteamericanas, General William C. Westmoreland, consideraba que la misión principal de las fuerzas norteamericanas era defensiva, y por lo tanto los carros no tenían lugar alguno[5]. Asimismo estimaba que para combatir a las guerrillas del Vietcong se necesitaba solamente unidades de infantería muy móviles, de ahí que fueran helitransportadas, y por último, no quería sobrepasar un techo máximo de nivel de fuerzas en la zona. Por otra parte, no se tenía conocimiento tampoco de la presencia de medios acorazados enemigos. Naturalmente había varios errores de concepto en el razonamiento del General Westmoreland pero nadie osó contradecirle.

Cuando el 26 de octubre de 1965, Westmoreland ordenó a la Primera División de Caballería, “perseguir, descubrir y destruir” al enemigo, una misión de naturaleza enteramente ofensiva, el mando norteamericano se dio cuenta de la necesidad de contar con carros de combate. Pero el remate fue cuando una columna acorazada del Ejército sudvietnamita ayudó a las fuerzas americanas a romper el cerco de una emboscada de fuerzas norvietnamitas en la base de Plei Me, demostrando no solo la conveniencia de disponer de carros, sino de la factibilidad de su empleo en el terreno de Vietnam. Westmoreland había llegado a escribir, en julio de 1965, en un informe oficial: “Con la excepción de algunas zonas costeras, Vietnam no es sitio ni para carros de combate ni para infantería mecanizada”.

La primeras unidades acorazadas del US Army en llegar a Vietnam del Sur fueron el 3º Grupo de Escuadrones del 4º Regimiento de Caballería, y el 69º Batallón de Carros, ambas unidades dependientes de la 25ª División de Infantería, ubicada en Hawaii, y que por error, no dejó su material acorazado en su base. También llegaron carros de combate, casi al mismo tiempo, con la 9ª Brigada Expedicionaria de los Marines, que desplegó en la zona de Da Nang, en el norte del país. Los Marines llevaron consigo, además, vehículos acorazados anfibios LVT, y el sistema contracarro autopropulsado M50 Ontos, armado con 6 cañones sin retroceso de 106 mm. Tanto el Army como los Marines iban dotados con el carro de combate medio M48A3 Patton[6], con cañón de 90 mm. Los Marines, además, desplegaron algunas unidades de carros lanzallamas M67A2 Zippo, que eran una variante del M48. La infantería mecanizada iba dotada con los nuevos transportes oruga acorazados M113A1[7], y los Marines con los LVTP-5.

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Fuente: Ejercitos.org

Herederos de Franco (XII): Carme Chacón llega al Ministerio de Defensa

 

Herederos de Franco (XII)

Carme Chacón llega al Ministerio de Defensa

 

 

La condición esencial del que ejerce mando es su capacidad para decidir;

su acción más eficaz se logra por el prestigio, la exaltación de las fuerzas morales

y la manifiesta preocupación por sus subordinados; siendo el que manda

modelo del que obedece, ha de ser ejemplo de virtudes militares.”

Artículo 77 de las Reales Ordenanzas de

las FAS (1º dedicado al ejercicio del mando)

 

 

Tras las elecciones de 2008 que confirmaron a José Luis Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno, José Antonio Alonso fue sustituido en el Ministerio de Defensa por Carme Chacón. Sin que ello deba significar discriminación por razón de sexo, un joven militar de reconocido prestigio, todavía en activo, escribía de forma anónima en Internet, en abril de 2008, a raíz del nombramiento de la ministra, tristemente fallecida recientemente, no obstante, lo siguiente:

“Es profundamente injusto. Es injusto nombrar a Chacón ministra de defensa cuando hay personas (no hombres ni mujeres, sólo personas) mucho más preparadas que ella en el PSOE  en asuntos de defensa. Personas que llevan partiéndose la cara años en un partido al que no gustan estos temas per se, bichos raros, personas al fin y al cabo, que saben, gustan y entienden de defensa.

Es injusto que se acceda a un cargo por cuota, ya sea la cuota de género, de región o de partido.

Es injusto que se asocie a las FAS con el último reducto machista a conquistar en la sociedad española.

Es injusto promover a personas basándose en otros criterios que no sean otros más que la más absoluta eficacia, justicia y equidad.

Es injusto que en esta sociedad prime la arbitrariedad, el favor y el mamoneo para repartir cargos, vacantes o subvenciones.

Es injusto que a los cargos se acceda como premio para servirse y no como carga para servir.

Es injusto que toda aproximación se haga por etiquetas. Que en nada valga el sacrificio, la vocación de servicio y la abnegación.

Es injusto que todo el mundo tenga que guardar silencio para no ser postergado.

Es injusto que se eduque a los que lealmente sirven al Estado en el peloteo, en la falta de valor, en la complacencia y en la permanente genuflexión.

Es injusto que pongan al frente del Ministerio de Defensa a una persona que declara que la única guerra que quiere luchar es “la guerra contra el hambre, la pobreza y las enfermedades”. Y ¿qué pasa, señora, con todos aquellos que han muerto -y siguen muriendo- en “otra guerras ” en nombre de esta Nación y de la libertad de su pueblo?

Dicho esto, he de decir también, que es profundamente injusto, pero legítimo. El Jefe del Ejecutivo tiene todo el derecho y la legitimidad para nombrar a quién le parezca. Espero que este observador tenga todo el derecho como ciudadano para criticarlo. O no.”

Duro y triste a la vez, tristísimo. Pero real, y solo un reflejo de los sentimientos provocados por los designios de los políticos de turno en el poder. Quién estas líneas escribe, ya había dejado voluntariamente el Ejército cuando esta señora llegó al Ministerio, y no estuve bajo su mandato, pero sí conocí bien a casi todos “sus generales”, que eran o de mi promoción o cercanos a ella.

Carme Chacón[1] llegó al Ministerio casi de forma inesperada, y debido mucho más a sus condiciones personales que a sus propias capacidades personales.  Dados sus antecesores, no le resultaría muy difícil mejorar la gestión del Ministerio. En contra tenía la propia idiosincrasia y parálisis de los propios ejércitos, especialmente el de Tierra, y su servilismo   –que no es sino una tremenda falta de lealtad, después de todo-, el desinterés de la nación y los ciudadanos por la defensa y la seguridad nacional, y, para terminar –como obstáculo más importante-, el desconocimiento, la desgana, y la escasa atención del propio Gobierno, y en particular del propio Presidente para con la defensa nacional, que, sin duda, no constituía tampoco una prioridad en ésta, su segunda legislatura.

No parece que estos hechos le preocupasen lo más mínimo. El hecho de haber sido nombrada a pesar de sus circunstancias personales -se encontraba en avanzado periodo de gestación-, no tiene mayor importancia, y la Ministra, sin duda, no es reprobable por ello, pero sí lo es quien la nombró, poniendo la defensa nacional en manos de alguien que casi de forma inmediata tuvo que ausentarse de su puesto, lo que a la postre, además, no fue sino un desprecio notable hacia el propio estamento militar.

En la primera comparecencia parlamentaria de la Ministra de Defensa, a finales de junio de 2008, despertó una gran expectación su anuncio de cese de la cúpula militar. Supuestamente una gran noticia, esperada después de todo, aunque en realidad lo novedoso es que ese cese se hubiera ya anunciado de esa forma, en el Parlamento, y luego se produjera en fecha posterior y no al día siguiente, o en el mismo momento. Que se renueve el Mando militar es normal; que se anuncie su cese pero que no se haga efectivo, resultó sorprendente y nunca antes había sucedido.

Teniente General Ignacio Martin Villalain, Segundo JEME con la Ministra Carme Chacon.
Teniente General Ignacio Martin Villalain, Segundo JEME con la Ministra Carme Chacon.

Es difícil indagar y especular sobre las motivaciones que la Ministra podía tener para obrar de ese modo y su actuación no parece tener justificación, en ningún caso. Que tenía que renovar la cúpula militar estaba claro, y podemos decir que era hasta necesario. Cuando escogió a los que escogió para desempeñar los más altos puestos militares, no hay duda de que era porque los consideraba entre sus principales colaboradores, y los creía como los más capaces para sus propósitos, y como los más afines a la línea del Gobierno, lo cual era obvio y no hablaba muy bien de los elegidos.

Pero merece la pena, quizás, que nos detengamos un poco en este aspecto. No deja de ser interesante la atención que se dio a los nuevos nombramientos por los medios de comunicación, y en cierto modo es lógico que, incluso, se hiciera una semblanza de cada uno de los nuevos jefes de los tres ejércitos, pero especular con sus mejores o peores capacidades y cualificaciones, estaba y está de más. Que nadie tenga duda de que, hoy en España, alguien pueda llegar al generalato sin ser políticamente correcto, y obediente para con el Gobierno en ejercicio. Tras cuatro años de gobierno del PSOE entonces, y los que llevamos ya del PP, no había ningún teniente general ya que pudiera resultar ni lejanamente incómodo para La Moncloa. Por lo tanto, daba igual quien resultase elegido para los puestos más altos de las Fuerzas Armadas. Fuera el que fuera, su actuación hubiera sido la misma. Hoy, la cualidad esencial para el ascenso a general no es otra que la que dan en llamar “Lealtad”, es decir sumisión al poder político establecido. En España la situación no es como en los Estados Unidos, donde la legislación establece claramente que el Jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor tiene el deber de presentar su opinión, aun cuando difiera de la del resto de Jefes de los tres Ejércitos, y de la del propio Secretario de Defensa. Así están las cosas, no nos engañemos.

Se puede argumentar que los militares deberían exponer con más dureza y claridad sus puntos de vista, e incluso dimitir si no se les escuchaba, pero no hay tradición de dimitir en las fuerzas armadas españolas, ni en ningún ejército occidental, a decir verdad. Los militares deben hacer saber al Mando, o a la autoridad política, su opinión, y una vez hecho, acatar la decisión. Como mucho se puede llegar a solicitar el relevo, pero mientras tanto, hay que cumplir la misión, aunque se discrepe de cómo se lleva a cabo, esa es la formación militar y la actitud castrense ante la autoridad, en cualquier sistema democrático. Sea cual sea su opinión, el Presidente –y el Ministro de Defensa-, tienen la autoridad para rechazar o ignorar el consejo o asesoramiento de los mandos militares. Pero no consta que los componentes de la cúpula saliente entonces –al menos el JEMAD y el Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra-, hubieran ni siquiera alzado la voz cuando debían hacerlo, excepto para pronunciar el consabido “Sin Novedad”.

De la primera comparecencia de la Ministra se dedujo, y se ha confirmado luego, que tenía, y tuvo la misión del Presidente, de civilizar la defensa y “modernizar” todo su entorno, en el sentido que, desde Moncloa, se tenía de lo que es modernizar, y sin duda, al tiempo, continuar con la desmilitarización de la defensa, ya iniciada por José Bono.

Pero también demostró Chacón que la equiparación de las Fuerzas Armadas a dictadura y golpismo continuaba siendo una obsesión de la izquierda radical que ya debería haber quedado ampliamente superada. Ciertamente es un tema permanente en algunas universidades catalanas, de donde provenía la Ministra. Sacar el tema una vez más, en 2008, decía mucho sobre la mentalidad de la Ministra, de sus asesores, y del Gobierno, y fue prueba de que en España, la defensa nacional reviste unas características peculiares, que agravan o complican el problema, al mezclarse con asuntos ciertamente externos como son la historia reciente, el revanchismo incoherente de la izquierda más extrema, el reavivamiento de polémicas trasnochadas por culpa de demasiadas memorias históricas, cierto protagonismo esgrimido por algunos altos mandos militares, y sin duda, el tratar de detentar casi en exclusiva, conceptos como la defensa de la soberanía, de la patria, de los ideales nacionales, y de la integridad territorial por parte de algunos representantes relevantes del estamento militar, como si el resto de la sociedad civil no tuviera nada que ver con ello.

En este marco, no hay duda de que el Ejército de Tierra sigue siendo considerado, en bastantes ámbitos sociopolíticos, como el sector más inmovilista, no entendiéndose la necesidad de invertir demasiado en su potenciación para, en su caso, afrontar unas amenazas que la sociedad desconoce, o en las que, ni siquiera, cree. Era innecesario hablar del pasado, ni despertar memorias; al igual que Sarkozy no habló de Napoleón cuando presentó el Libro Blanco de la Defensa francesa, la Ministra hubiera hecho mejor centrándose en la actualidad y en los temas candentes que debía resolver. Ahí estaba su desafío.

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Fuente: Ejercitos.org

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